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Colombia suma 204 atentados con explosivos en 2026 y crece la alarma por el ELN

Hace 2 horas

Colombia cerró agosto con al menos 204 atentados con explosivos en 2026, una escalada marcada por el carro bomba en Los Patios y por ataques con drones en varias regiones. El ELN aparece como el actor más señalado, con 75 casos atribuidos al grupo, muchos en el Catatumbo.

Colombia llegó a 2026 con una cifra que retrata el deterioro de la seguridad en varios territorios: al menos 204 atentados con explosivos en lo corrido del año, tras el carro bomba que sacudió a Los Patios, en Norte de Santander. El balance conocido por Infobae Colombia muestra un salto preocupante entre el corte del 30 de julio, cuando ya se contabilizaban 174 hechos, y los al menos 30 ataques adicionales registrados durante agosto, incluidos episodios con drones cargados de granadas. No se trata de una estadística aislada, sino de una señal de que la violencia explosiva volvió a ocupar un lugar central en la disputa armada del país.

De acuerdo con ese recuento, el ELN concentra al menos 75 de los casos reportados, con una incidencia especialmente visible en el Catatumbo, una región que desde hace años vive bajo presión por la combinación de presencia insurgente, economías ilegales, disputa por corredores estratégicos y una capacidad estatal todavía insuficiente para controlar el territorio. El uso de artefactos explosivos improvisados, carros bomba y drones armados confirma además una mutación del conflicto: los grupos armados no solo están atacando más, sino que también están diversificando sus métodos para aumentar el impacto, sortear controles y mantener la capacidad de intimidación sobre la población civil y la fuerza pública.

Lo que ocurre en Norte de Santander y en otras zonas golpeadas por estos atentados no es un episodio local ni un simple repunte coyuntural. Es la expresión de una guerra de baja y media intensidad que sigue reconfigurándose, mientras el Estado intenta contener simultáneamente varias formas de violencia: insurgencia, disidencias, crimen organizado y economías ilegales. El dato de 204 ataques en ocho meses obliga a mirar más allá del hecho policial y a preguntarse por el alcance real de las políticas de seguridad y de los esfuerzos de negociación en curso, porque cuando los explosivos se convierten en una herramienta recurrente, la población termina pagando el costo con miedo, desplazamiento, cierres de vías, interrupción de servicios y una normalización peligrosa del terror.

En términos prácticos, este panorama también golpea la vida cotidiana: comerciantes que bajan la cortina antes de tiempo, familias que limitan sus desplazamientos, escuelas y hospitales afectados por los combates y municipios enteros sometidos a una incertidumbre permanente. Si la tendencia se mantiene, 2026 podría cerrar como uno de los años más críticos en materia de atentados con explosivos, no solo por el número de ataques, sino por la sensación de que el conflicto armado volvió a encontrar en la explosión su lenguaje más visible y más cruel.

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