Colombia

Sube la UPC y el sector farmacéutico pide ir más allá del alivio financiero

Hace 3 horas

El ajuste proyectado de la UPC fue recibido como un alivio parcial para el sistema de salud colombiano, pero la industria farmacéutica advirtió que el problema de fondo sigue siendo la financiación. Afidro pidió no perder de vista el acceso a medicamentos, la regulación y la modernización del Invima.

El aumento proyectado de la Unidad de Pago por Capitación (UPC) abrió una pequeña válvula de oxígeno para el sistema de salud colombiano, pero no despejó las dudas sobre su sostenibilidad. Aunque el gremio farmacéutico celebró que el Ministerio de Salud haya movido la base de financiación en una dirección que reconoce la presión real sobre los servicios, Afidro advirtió que el ajuste por sí solo no resuelve el desequilibrio estructural que hoy enfrentan clínicas, EPS y proveedores de medicamentos.

Según informó infobae Colombia, el pronunciamiento del gremio se concentra en una idea simple pero crucial: más recursos no bastan si el sistema sigue atrapado entre demoras regulatorias, trámites excesivos y una arquitectura financiera que no acompasa el costo real de atender a los pacientes. Afidro respaldó la medida anunciada por MinSalud, pero insistió en que el debate no puede quedarse en cuánto sube la UPC, sino en cómo se garantiza que ese dinero llegue a tiempo, se use de forma eficiente y alcance para cubrir tecnologías, tratamientos y medicamentos cada vez más costosos.

El punto de fondo es que la UPC no es una cifra técnica aislada; es el corazón del financiamiento del aseguramiento en salud. Cuando se ajusta por debajo de las necesidades reales, se abre la puerta a las deudas, a la tensión entre actores del sistema y, al final, a barreras para los pacientes. Por eso el respaldo del gremio farmacéutico viene acompañado de una advertencia política y técnica: Colombia no solo necesita un ajuste periódico de recursos, sino una modernización de reglas, una regulación más ágil y un Invima fortalecido, capaz de responder con mayor rapidez a la demanda de medicamentos y tecnologías. En otras palabras, el problema no termina en la contabilidad; empieza allí.

La discusión importa porque termina golpeando al ciudadano de a pie. Si el sistema no logra equilibrar financiación, acceso y control, los efectos se sienten en demoras para tratamientos, escasez de productos, mayores cargas para hospitales y más incertidumbre para millones de afiliados. Afidro, al poner sobre la mesa la modernización del Invima y el acceso como ejes centrales, está leyendo algo que el Gobierno no puede ignorar: sin instituciones más rápidas, transparentes y financieramente sostenibles, cualquier aumento de la UPC corre el riesgo de convertirse en un alivio temporal y no en una solución de fondo.

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