Lomana reaviva su choque con Juls Janeiro y se alinea con Belén Esteban

Imagen: infobae
Carmen Lomana volvió a cargar contra Juls Janeiro durante un acto público y dejó claro que no piensa bajar el tono. En su reencuentro con Belén Esteban, la socialité defendió a la televisiva y criticó la actitud de la hija de Jesulín y Campanario.
Carmen Lomana ha encendido de nuevo la disputa pública con Juls Janeiro y lo ha hecho en un escenario de máxima exposición: ante las cámaras y al lado de Belén Esteban. La socialité aprovechó su reencuentro con la colaboradora para cerrar filas con ella y lanzar un duro reproche a la hija de Jesulín de Ubrique y María José Campanario, a quien acusó de mostrarse arrogante y de faltar al respeto a una mujer con una trayectoria mucho más larga en televisión y en la crónica social.
El choque venía ya de días antes, cuando Juls respondió molesta a unas declaraciones previas de Lomana en las que esta decía no soportar su actitud y cuestionaba algunos de sus gestos públicos. La joven, que ha ido ganando visibilidad a través de campañas y apariciones en redes, pidió literalmente que la socialité dejara de hablar de ella y recordó que, al cumplir 18 años, recibió de Lomana un comentario despectivo sobre su imagen. Pero lejos de apagar el fuego, la respuesta pareció abrir una nueva fase en una pelea que mezcla egos, generaciones y un viejo dilema mediático: quién tiene legitimidad para opinar y quién aún debe ganársela.
La escena más llamativa se produjo durante un evento de Nivea por el centenario de su característico color azul, donde Lomana y Esteban mostraron una complicidad evidente ante los fotógrafos. Desde ahí, la tertuliana insistió en que no le preocupa la réplica de Juls y que su crítica no iba solo contra su aspecto o su debut mediático, sino contra lo que interpreta como una actitud sobrada para alguien que acaba de empezar. También defendió a Belén con una idea que explica bien el fondo del asunto: en el mundo del espectáculo español, la autenticidad y la trayectoria siguen pesando tanto como la fama reciente. Para Lomana, Esteban puede gustar más o menos, pero ha construido su lugar a base de exposición, conflicto y resistencia; Juls, en cambio, todavía está en la fase en la que cada gesto se interpreta como una declaración de intenciones.
Más allá del cruce de frases, el episodio revela algo más profundo: la batalla por el relato entre la vieja guardia televisiva y los nuevos rostros que intentan abrirse paso con redes, campañas y una presencia pública cada vez más calculada. Juls ha elegido visibilizarse, incluso ironizando sobre su condición de “enchufada” en una campaña publicitaria, pero ese posicionamiento también la expone a una crítica más feroz. Lomana, por su parte, representa ese tipo de figura que no se autocensura y que entiende el conflicto como parte del juego. Y en medio de todo, Belén Esteban vuelve a aparecer como un símbolo incómodo pero vigente, una celebridad que divide a la audiencia, pero que todavía conserva capital emocional suficiente para que otros salgan a defenderla. En ese terreno, el enfrentamiento no parece cerca de cerrarse; al contrario, cada nueva declaración alimenta una polémica que sigue interesando porque habla de poder, clase, exposición y de quién tiene derecho a ocupar el centro del foco.




