Cartagena ya vive el Gran Malecón del Mar antes de su inauguración
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Los dos primeros kilómetros del Gran Malecón del Mar ya están atrayendo a familias, deportistas y turistas en el norte de Cartagena, aunque la obra todavía no ha sido inaugurada. El nuevo corredor conecta La Boquilla con el túnel de Crespo y suma espacios como un gimnasio para mascotas.
Aunque todavía no ha sido inaugurado oficialmente, el Gran Malecón del Mar ya se convirtió en un punto de encuentro para familias locales y visitantes en el norte de Cartagena. Los primeros dos kilómetros habilitados, que conectan las playas de La Boquilla con el túnel de Crespo, están siendo usados para caminar, trotar y ver los atardeceres, en una señal de que la ciudad empieza a apropiarse de una obra pensada para cambiar la relación con su borde costero.
De acuerdo con información divulgada por El Tiempo (Colombia), el tramo ya abierto incluye espacios recreativos y de bienestar que van más allá de una simple franja peatonal. Entre ellos destaca un gimnasio para mascotas, un detalle que puede parecer menor, pero que revela la apuesta por un malecón diseñado no solo para el paseo turístico sino también para el uso cotidiano de los cartageneros. La combinación de paisaje, deporte y ocio explica por qué el lugar ya atrae a quienes buscan una alternativa segura y abierta frente al mar.
El valor de este avance no está solo en la novedad. Cartagena ha vivido históricamente de espaldas a buena parte de su litoral, con accesos fragmentados y una relación desigual entre turismo, espacio público y movilidad. Por eso, la apertura parcial del Gran Malecón del Mar tiene una carga simbólica importante: promete ampliar el disfrute ciudadano del frente marítimo y, al mismo tiempo, sumar un nuevo atractivo para la oferta turística de la ciudad. Si la obra logra consolidarse con buen mantenimiento y acceso ordenado, puede convertirse en uno de los corredores más visibles de la transformación urbana en el Caribe colombiano.
Pero también hay una pregunta inevitable: quién podrá disfrutarlo de verdad y bajo qué condiciones. En ciudades como Cartagena, donde el uso del espacio público suele chocar con la presión turística y las desigualdades urbanas, la clave no será solo inaugurar el malecón, sino garantizar que permanezca abierto, funcional y accesible para quienes viven allí. Por ahora, la gente ya tomó la delantera: el malecón existe antes del corte de cinta, y eso dice mucho sobre la necesidad de la ciudad de recuperar su frente marino.




