Política

Perú espera el veredicto de unas urnas que vuelven a dejar al país en suspenso

Hace 2 días
Perú espera el veredicto de unas urnas que vuelven a dejar al país en suspenso

Imagen: BBC Mundo

Perú amaneció pendiente de un escrutinio que puede redefinir su crisis política: el conteo rápido dejó un empate técnico entre Keiko Fujimori y su rival presidencial. La elección, con más de 27 millones de votantes, vuelve a mostrar un país agotado por la inestabilidad.

El escrutinio de la segunda vuelta presidencial en Perú avanzaba este domingo con el país entero mirando el reloj y las pantallas, después de una jornada en la que más de 27 millones de ciudadanos fueron convocados a las urnas para escoger al noveno presidente en apenas una década. El dato que marcó la noche fue claro: el conteo rápido, según informó BBC Mundo, arrojó un empate técnico entre Keiko Fujimori y su contrincante, una señal de que la definición podría demorarse y de que cualquier ventaja inicial sería frágil en un proceso atravesado por la desconfianza.

La lectura inmediata es política, pero también social. En un país donde la presidencia ha dejado de ser sinónimo de estabilidad y se ha convertido en una pieza más de una crisis crónica, el resultado de esta segunda vuelta no solo define quién ocupará el Palacio de Gobierno; también mide la capacidad de las instituciones electorales para sostener una transición sin sobresaltos. El conteo rápido, que suele servir como referencia temprana antes del escrutinio oficial, dejó a ambos candidatos en una disputa cerrada, lo que obligó a los peruanos a esperar con cautela los resultados definitivos y a no dar por sentada ninguna victoria prematura.

Ese suspenso no aparece de la nada. Perú llega a esta elección con una sucesión de gobiernos débiles, choques entre Ejecutivo y Congreso, renuncias, vacancias y un desgaste profundo de la clase política. Por eso esta segunda vuelta importa más allá de los nombres propios: lo que está en juego es si el próximo mandatario podrá gobernar con alguna base mínima de legitimidad en un sistema fragmentado y con una ciudadanía que ha visto pasar presidentes a un ritmo inusual en los últimos diez años. Para millones de peruanos, sobre todo en sectores que sienten el golpe de la pandemia, el empleo precario y la informalidad, el resultado no es una disputa abstracta entre élites; es la posibilidad de que el país vuelva a tener rumbo o siga atrapado en la misma rueda de inestabilidad.

El desenlace dependerá ahora de un escrutinio minucioso que suele pesar tanto como la campaña misma. En elecciones tan cerradas, cada acta y cada mesa pueden inclinar la balanza, y la tensión política suele crecer antes de bajar. Perú no solo está contando votos; está tratando de comprobar si todavía puede producir un ganador claro en medio de una crisis que, elección tras elección, parece no terminar de cerrarse.

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