Colombia

Barranquilla gasta $17.000 millones al año limpiando sus arroyos

Hace 21 horas

Barranquilla destina cerca de $17.000 millones al año a limpiar sus arroyos, una tarea que se volvió permanente por la basura que arrastra la lluvia desde las calles. La ciudad retira unas 30.000 toneladas de residuos y ahora intenta frenar el plástico antes de que termine en la ciénaga y el mar Caribe.

Barranquilla convirtió la limpieza de sus arroyos en una factura anual de alto costo: cerca de $17.000 millones para sacar de sus cauces la basura que deja la ciudad y que la lluvia arrastra hasta la ciénaga y el mar Caribe. El dato, revelado por El Tiempo (Colombia), muestra que el problema ya no es solo ambiental, sino también fiscal y urbano: la capital del Atlántico retira alrededor de 30.000 toneladas de residuos al año para evitar que el agua termine llevando plástico y desechos a ecosistemas cada vez más presionados.

La magnitud del desperdicio habla de una ciudad que todavía tiene una relación frágil con sus residuos. Cada temporada de lluvias vuelve visible lo que durante semanas queda oculto en calles, canales y zonas de disposición informal: bolsas, botellas, empaques y todo tipo de objetos livianos que terminan encajados en los arroyos. Según informó El Tiempo (Colombia), la administración local busca frenar ese flujo antes de que llegue al sistema hídrico costero, una tarea que exige maquinaria, personal y mantenimiento constante, además de una vigilancia que resulta difícil sostener si el problema se sigue reproduciendo en origen.

Lo que ocurre en Barranquilla importa más allá de la ciudad porque resume una tensión que atraviesa a muchas urbes colombianas: el costo de limpiar es cada vez mayor cuando no se resuelve la disposición final de los residuos ni el comportamiento ciudadano que los convierte en basura flotante. En una ciudad atravesada por arroyos, el plástico no desaparece; simplemente cambia de lugar y termina en la ciénaga o en el Caribe, con efectos sobre la fauna, el paisaje y la salud ambiental de la región. Por eso este gasto no debería leerse solo como una inversión de aseo, sino como la cuenta de una falla estructural en la gestión urbana del desecho.

La discusión de fondo es incómoda pero necesaria: si Barranquilla ya invierte millones para retirar residuos que nunca debieron llegar al agua, la verdadera pregunta es cuánto más puede sostenerse ese modelo sin un giro serio en prevención, educación ambiental y control de vertimientos. Mientras tanto, cada lluvia seguirá funcionando como un recordatorio brutal de que la basura mal manejada termina, inevitablemente, en los cuerpos de agua que sostienen la vida costera.

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