Eduardo Bolsonaro busca en Washington frenar un arancel que puede favorecer a Lula

Imagen: El País
El viaje de Eduardo Bolsonaro a Washington busca frenar un nuevo golpe comercial de Donald Trump contra Brasil, justo cuando la campaña presidencial entra en su fase más sensible. Un arancel adicional podría favorecer políticamente a Lula y complicar el tablero electoral de octubre.
Eduardo Bolsonaro aterrizó en Washington con una misión que mezcla política exterior, campaña electoral y supervivencia familiar: intentar contener un nuevo castigo arancelario de Estados Unidos contra Brasil. El hijo del expresidente Jair Bolsonaro se mueve con urgencia porque, según el cálculo que domina en su entorno, un “tarifazo” no solo golpearía exportaciones brasileñas, sino que también podría terminar dándole oxígeno a Luiz Inácio Lula da Silva en la recta final hacia las presidenciales de octubre.
La preocupación no es menor. De acuerdo con la información difundida por El País, el candidato presidencial y su círculo temen que cualquier escalada comercial desde Washington refuerce la narrativa de Lula sobre la necesidad de defender la soberanía económica del país y proteger el empleo. En términos prácticos, un aumento de aranceles puede encarecer productos brasileños en el mercado estadounidense, presionar sectores exportadores y alimentar incertidumbre en estados y regiones donde la agroindustria y la industria manufacturera dependen del comercio exterior. Para un bolsonarismo que apuesta a presentarse como defensor del crecimiento y del orden, el golpe puede ser doble: económico y simbólico.
El viaje también revela hasta qué punto la política brasileña sigue atrapada en la órbita de Donald Trump, incluso cuando el debate público debería estar centrado en problemas domésticos como inflación, empleo y seguridad. La apuesta de Eduardo Bolsonaro es política en dos direcciones: buscar una salida diplomática en Washington y, al mismo tiempo, evitar que la Casa Blanca se convierta en un actor involuntario de la campaña en Brasil. Si el castigo arancelario se concreta, Lula tendría un argumento fácil: el bolsonarismo no solo arrastra tensiones internas, también expone al país a choques externos innecesarios. Si se frena, el clan Bolsonaro gana tiempo y oxígeno para seguir peleando una elección que ya se está jugando también en el terreno internacional.
En el fondo, este episodio muestra cómo el comercio se ha convertido en una herramienta de presión política y cómo sus efectos rara vez se quedan en las mesas de negociación. Un arancel puede parecer una decisión técnica desde Washington, pero en Brasil puede traducirse en menos margen para exportadores, más tensión en los mercados y, sobre todo, en un nuevo argumento de campaña. En una elección tan polarizada como la brasileña, hasta una medida comercial puede terminar pesando en las urnas.




