Bre-B gana terreno en zonas rurales con apoyo de cooperativas

Imagen: infobae colombia
Bre-B empieza a mover dinero también en el campo colombiano, donde más de 180 entidades solidarias ya operan conectadas a través de Visionamos. El sistema suma cerca de 600.000 llaves activas y en un año las cooperativas reportaron 6 millones de transferencias.
Bre-B está dejando de ser una promesa urbana para convertirse en una herramienta de pago útil en regiones donde la banca tradicional suele llegar tarde o con limitaciones. Según informó infobae colombia, más de 180 entidades solidarias en 24 departamentos ya están conectadas mediante Visionamos, una red que además registra cerca de 600.000 llaves activas y que en apenas un año acumuló 6 millones de transferencias realizadas por cooperativas.
El dato no es menor. En un país donde amplias zonas rurales todavía enfrentan barreras para mover dinero con rapidez, recibir pagos o hacer transacciones sin depender del efectivo, la expansión de Bre-B sugiere un cambio de fondo en la forma en que pequeños productores, tenderos, trabajadores informales y familias del campo administran su plata. Las cooperativas, que durante décadas han funcionado como una puerta de entrada al sistema financiero en territorios apartados, ahora se están convirtiendo en un canal clave para llevar pagos digitales a municipios donde la infraestructura bancaria es débil o inexistente.
El alcance territorial también da pistas sobre la magnitud del proceso. Estar presente en 24 departamentos implica que el sistema ya no se concentra en los grandes centros económicos, sino que empieza a ganar terreno en regiones con economías locales más fragmentadas, donde una transferencia rápida puede marcar la diferencia entre cerrar una venta, pagar una cosecha o resolver una urgencia. En la práctica, eso puede traducirse en menos uso de efectivo, menos costos de traslado y una mayor trazabilidad de las operaciones, algo que históricamente ha sido una deuda del sistema financiero con el campo colombiano.
Lo que está en juego va más allá de la comodidad tecnológica. Si Bre-B logra consolidarse en estas zonas, Colombia podría avanzar hacia una inclusión financiera más real, no solo nominal, en la que cooperativas y entidades solidarias actúan como intermediarias de un ecosistema digital pensado para usuarios que antes quedaban por fuera. El reto, sin embargo, será sostener la adopción en territorios con conectividad irregular, baja educación financiera y desconfianza frente a herramientas nuevas. Ahí se definirá si esta expansión es un avance coyuntural o el inicio de una transformación profunda en la economía cotidiana rural.


