Colombia

Polémica en Barranquilla por la frase de un comandante en plena crisis de seguridad

Hace 1 hora

La respuesta del comandante de la Policía de Barranquilla, “cada quien es dueño de su miedo”, encendió la indignación en medio del cierre masivo de comercios por amenazas extorsivas. El episodio expone la desconfianza ciudadana frente a la seguridad en el Atlántico.

La frase del brigadier general Miguel Camelo, comandante de la Policía Metropolitana de Barranquilla, cayó como un balde de agua fría en una ciudad que lleva días lidiando con cierres comerciales, amenazas de bandas extorsionistas y una sensación creciente de abandono institucional. Cuando el oficial afirmó que “cada quien es dueño de su miedo”, no solo intentó relativizar la decisión de los comerciantes de no abrir sus negocios: terminó alimentando la polémica en el peor momento posible, justo cuando el Atlántico atraviesa una de sus etapas más tensas en materia de seguridad.

Las declaraciones fueron entregadas en entrevista con Jorge Cura, en Emisora Atlántico, luego de que se le preguntara por el cierre masivo de establecimientos entre el sábado 4 y el domingo 5 de julio. Según informó infobae colombia, Camelo sostuvo que el temor de cada persona debía respetarse, mientras insistía en que desde el nivel central de la Policía se habían desplegado controles y operativos para contener la situación. El problema es que esa respuesta no logró calmar a nadie: buena parte del comercio mantuvo sus persianas abajo por miedo a represalias, una señal clara de que la presencia policial, por sí sola, no está devolviendo la confianza que se ha perdido en barrios y corredores comerciales.

Lo que ocurrió en Barranquilla y su área metropolitana no es un episodio aislado, sino el reflejo de una crisis más profunda. Las amenazas atribuidas a estructuras extorsionistas han convertido la actividad económica cotidiana en un acto de riesgo para tenderos, comerciantes, transportadores y pequeños empresarios, que se mueven entre la necesidad de trabajar y el temor a quedar en la mira de grupos criminales. El debate, entonces, no es solo por una frase desafortunada: es por la capacidad real del Estado para proteger a quienes hoy están cerrando negocios no por estrategia económica, sino por autoprotección. Y esa diferencia importa, porque evidencia que las bandas están logrando algo mucho más grave que recaudar dinero: están imponiendo comportamiento social.

La gravedad del momento se amplificó este lunes 6 de julio con el asesinato de un comerciante en Soledad, identificado como Abersio Medrano Ramos, oriundo de Turbo, Antioquia y propietario de una comercializadora de pollos. De acuerdo con la información conocida, familiares del hombre aseguraron a las autoridades judiciales que venía recibiendo amenazas, lo que vuelve a poner sobre la mesa la presión que enfrentan quienes dependen del comercio para sobrevivir en el Atlántico. En ese contexto, la polémica frase del comandante no quedó como una anécdota verbal: terminó siendo el símbolo de una brecha cada vez más visible entre la narrativa oficial y la realidad que viven los ciudadanos en la calle.

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