Caída del dólar en Colombia golpea a exportadores y enciende alerta en café y flores

Imagen: infobae colombia
La caída del dólar en Colombia encendió alertas en sectores exportadores que dependen de una tasa de cambio alta para sostener sus ingresos. Juan Carlos Echeverry advirtió que el problema no es solo la volatilidad diaria, sino una apreciación del peso que puede frenar las exportaciones.
La nueva caída del dólar en Colombia volvió a poner bajo presión a dos de los sectores más sensibles a la tasa de cambio: el caficultor y el floricultor. La advertencia no es menor, porque para miles de productores la fortaleza del peso frente a la divisa estadounidense significa menos pesos por cada dólar exportado, justo en momentos en que los costos internos siguen altos y los márgenes ya vienen ajustados. Según informó Infobae Colombia, la inquietud fue planteada por Juan Carlos Echeverry, exministro de Hacienda, quien puso el foco no solo en el movimiento diario de la moneda, sino en sus efectos de fondo sobre la competitividad del país.
Echeverry señaló que el debate no puede reducirse a celebrar una moneda más fuerte o a reaccionar por la variación del mercado de un día para otro. Lo que realmente preocupa, explicó en su planteamiento, es una apreciación excesiva del peso que termine castigando las exportaciones colombianas. En la práctica, eso golpea a actividades que venden al exterior y que dependen de recibir dólares para sostener nóminas, inversiones, transporte y compra de insumos. Café y flores aparecen otra vez en el centro de la discusión porque son dos renglones históricos de la economía colombiana que generan empleo en regiones enteras y que tienen una exposición directa al comportamiento del dólar.
El punto de fondo es que una tasa de cambio baja puede aliviar ciertos costos para importadores y consumidores de bienes extranjeros, pero al mismo tiempo les resta aire a quienes producen para vender fuera del país. En un país como Colombia, donde las exportaciones no petroleras siguen siendo una tarea pendiente, esa tensión no es menor. Si el peso se aprecia demasiado, el ingreso de los exportadores se reduce en moneda local y con ello se complica su capacidad para competir frente a productores de otros países. De ahí que la advertencia de Echeverry deba leerse como una señal de alerta para el Gobierno y para el sector productivo: no se trata solo de la cotización diaria del dólar, sino de si el país está entrando en un escenario que puede desincentivar ventas externas y frenar empleo en el campo.
Para la gente de a pie, este debate puede parecer lejano, pero tiene efectos concretos. Cuando el dólar cae de manera pronunciada, algunos productos importados pueden abaratarse; sin embargo, en regiones cafeteras y floricultoras la preocupación es otra: menos rentabilidad, menos inversión y más fragilidad para economías locales que dependen de esas cadenas. El trasfondo es claro: Colombia necesita una tasa de cambio estable y una política que no castigue a quienes producen divisas para el país. Si el ajuste del mercado se prolonga, las señales de alarma que hoy encienden café y flores podrían extenderse a otros sectores exportadores que ya operan con la presión al límite.



