Colombia

Camilo Reyes pide blindar la diplomacia colombiana frente a la politización

Hace 1 hora

Camilo Reyes pidió al próximo gobierno de Abelardo De la Espriella reforzar la política exterior y blindar la carrera diplomática de la politización. El exministro respaldó a Omar Bula como canciller y defendió la permanencia de Colombia en los organismos multilaterales.

La advertencia de Camilo Reyes no es menor: si el eventual gobierno de Abelardo De la Espriella llega a Palacio con el propósito de reordenar la diplomacia colombiana, tendrá que hacerlo sin desmontar los pocos contrapesos institucionales que todavía le dan continuidad al servicio exterior. El exministro insistió en que la política internacional del país necesita fortalecerse, no improvisarse, y dejó sobre la mesa un mensaje incómodo para cualquier administración entrante: la carrera diplomática no puede seguir siendo tratada como cuota política ni como premio de turno.

Según informó Infobae Colombia, Reyes respaldó el nombramiento de Omar Bula como canciller y lo leyó como una señal favorable para darle estabilidad a una cartera que suele quedar atrapada entre la coyuntura interna y los vaivenes ideológicos del gobierno de turno. Además, defendió la permanencia de Colombia en los organismos multilaterales, una posición que, en la práctica, busca evitar que el país se aísle en un momento en el que la negociación comercial, la cooperación en seguridad, la migración y la crisis regional exigen interlocución permanente con Washington, con los vecinos andinos y con las principales instancias globales.

El punto de fondo es más profundo que una discusión sobre nombres. Reyes cuestionó la creciente politización del servicio exterior, un problema que Colombia arrastra desde hace décadas, pero que se agudiza cada vez que la diplomacia se convierte en botín burocrático. Cuando la embajada, el consulado o la representación ante un organismo internacional se asignan por afinidades políticas y no por mérito, el costo lo termina pagando el país: menor capacidad técnica, mensajes erráticos y pérdida de confianza entre aliados. Eso importa especialmente para Colombia, que depende en buena medida de su red exterior para sostener inversiones, cooperación antidrogas, atención a migrantes y defensa de sus intereses comerciales. En otras palabras, una política exterior débil no se siente solo en los salones de Cancillería; se siente en el empleo, en el comercio y en la vida de los colombianos que necesitan un Estado capaz de moverse con seriedad en el tablero internacional.

La señal que deja Reyes es clara: cualquier intento de “refundar” la diplomacia colombiana sin recuperar la carrera diplomática terminará reproduciendo los mismos errores que han debilitado al servicio exterior. En un escenario regional cada vez más volátil, con tensiones políticas en América Latina, presión migratoria y una relación estratégica con Estados Unidos que exige precisión, Colombia no puede darse el lujo de improvisar. La discusión, en el fondo, no es solo quién ocupa la Cancillería, sino si el país está dispuesto a profesionalizar de una vez por todas una institución que debería representar continuidad de Estado y no vaivenes de gobierno.

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