Cómicos de la Chabuca Granda quedan en el aire tras la demolición de los anfiteatros

Imagen: infobae
La demolición de los anfiteatros en la Alameda Chabuca Granda dejó en la incertidumbre a los cómicos que trabajan allí y a las familias que dependen de esas funciones. Carlos Álvarez pidió al alcalde Renzo Reggiardo una reubicación urgente para evitar que el cierre golpee el sustento de decenas de artistas.
La demolición de los anfiteatros en la Alameda Chabuca Granda abrió un nuevo frente en el Centro de Lima: no solo se trata de una obra urbana, sino de la posible desaparición temporal —o incluso definitiva— de un espacio de trabajo para los cómicos que han convertido ese punto de la ciudad en su principal escenario. Carlos Álvarez salió a reclamar públicamente una salida para los artistas afectados y pidió al alcalde Renzo Reggiardo que se habilite una reubicación inmediata, advirtiendo que detrás de cada función hay decenas de familias que dependen de esos ingresos para sobrevivir.
Según informó infobae, el humorista planteó que la medida no puede quedarse en una simple intervención de infraestructura sin considerar el impacto social que arrastra. En la práctica, el cierre o desmontaje de los anfiteatros no solo modifica el paisaje de una zona histórica de Lima; también corta de raíz una economía informal y cultural que, durante años, ha sostenido a actores, cómicos ambulantes, técnicos, vendedores y trabajadores que orbitan alrededor de estas presentaciones. La preocupación de Álvarez no es menor: en ciudades como Lima, donde buena parte del empleo cultural se mueve en circuitos precarios, perder un punto de exhibición equivale muchas veces a perder el ingreso del día.
El caso pone sobre la mesa un problema más grande que el conflicto puntual por la Alameda Chabuca Granda. En Perú —como en otras capitales latinoamericanas— los procesos de renovación urbana suelen avanzar más rápido que las soluciones para quienes viven del espacio público. Se demuelen estructuras, se ordenan áreas, se prometen mejoras, pero rara vez se piensa con suficiente seriedad en la transición para los trabajadores que quedan fuera. Por eso la solicitud de reubicación no es solo un gesto solidario: es una exigencia de política pública. Si el municipio quiere intervenir el Centro de Lima sin profundizar la exclusión, debe ofrecer alternativas reales, visibles y sostenibles para que estos artistas no desaparezcan del circuito por una decisión administrativa.
Lo que está en juego, en el fondo, es el tipo de ciudad que se quiere construir. Una que limpia sus espacios y borra a quienes viven de ellos, o una que ordena sin expulsar. La voz de Carlos Álvarez refleja una tensión conocida en América Latina: el choque entre la modernización urbana y la supervivencia de oficios que no siempre encajan en la lógica institucional, pero que forman parte de la identidad popular y del sustento de miles de hogares. Si la Municipalidad de Lima no ofrece una salida rápida, el costo no será solo para los cómicos de la Alameda Chabuca Granda, sino para una ciudad que corre el riesgo de perder una de sus expresiones más vivas sin haber construido antes una alternativa digna.




