Política

Carrillo culpa a Quintero y al escándalo de su hermano por la caída del Pacto

Hace 23 horas

Carlos Carrillo atribuyó parte de la caída del Pacto Histórico en las urnas al nombramiento de Daniel Quintero y al ruido judicial que rodea a su hermano Miguel. El señalamiento reabre el debate sobre cuánto pesan los escándalos locales en el desempeño electoral de la izquierda.

Carlos Carrillo, una de las voces visibles del Pacto Histórico, puso sobre la mesa un problema que la coalición no puede seguir minimizando: los costos políticos de las figuras asociadas al quinterismo. Según informó El Tiempo - Política, Carrillo aseguró que el nombramiento de Daniel Quintero y el proceso judicial que involucra a su hermano Miguel habrían influido en el desempeño electoral de la coalición, en un momento en que el movimiento intentaba consolidar su proyecto de poder territorial y nacional. El mensaje es claro: las alianzas con liderazgos locales bajo sospecha no solo erosionan credibilidad, también pasan factura en las urnas.

El centro de la controversia vuelve a ser Miguel Quintero, quien enfrenta un escándalo por contratación en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Ese expediente no es un asunto menor ni aislado. En la política colombiana, donde la opinión pública castiga con rapidez la percepción de clientelismo y favoritismo, cualquier señal de irregularidad alrededor de una familia política termina contagiando al conjunto. Carrillo, al señalar ese vínculo, no solo está comentando una derrota electoral: está admitiendo que el costo reputacional de ciertos nombres pesó más de lo que la estrategia partidaria quiso reconocer. De acuerdo con El Tiempo - Política, su lectura apunta a que la apuesta por figuras con alta exposición pública y controversias arrastró desgaste hacia el Pacto Histórico.

Lo relevante aquí va más allá de un cruce interno. Este episodio expone una tensión de fondo en la izquierda colombiana: la dificultad para diferenciar la construcción de mayoría política de la necesidad de blindar su discurso anticorrupción. El Pacto Histórico llegó al poder con la promesa de marcar distancia de las viejas prácticas, pero cada caso que conecta a sus aliados con cuestionamientos por contratación debilita esa narrativa. En términos electorales, eso importa porque el votante indeciso no suele hacer matices entre corrientes internas; castiga al bloque completo. Y en términos de gobernabilidad, significa que cada escándalo local termina convirtiéndose en munición para la oposición, que encuentra en estas grietas una forma de desacreditar el proyecto de cambio.

La declaración de Carrillo también deja una lectura incómoda para el futuro del Pacto: si el oficialismo quiere recuperar iniciativa, tendrá que revisar con más rigor a quiénes convierte en activos políticos y a qué costos. En Colombia, la memoria de los electores suele ser más corta que la propaganda, pero no olvida cuando un movimiento promete renovación y termina rodeado por los mismos fantasmas de siempre. Ese es el verdadero fondo del señalamiento: no se trata solo de una derrota, sino de una advertencia sobre cómo se construye —o se destruye— la credibilidad política.

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