Carlos Cuerpo intenta gobernar la economía por encima del ruido político

Imagen: El País
Carlos Cuerpo aterriza en la vicepresidencia con una apuesta poco común en la política española: bajar el ruido, hablar de economía y blindarse del barro. En sus primeros 100 días, el ministro se presenta como el antiagitador del Gobierno.
Carlos Cuerpo ha decidido ocupar la vicepresidencia económica con una fórmula poco habitual en la política española: menos estridencia, más control y una voluntad explícita de sacar el debate público del fango. Mientras el Congreso se consume entre interrupciones, bronca y el ruido que acompaña a cualquier discusión sobre corrupción, el nuevo número dos del Gobierno intenta hacer algo casi contracultural: hablar de economía, medir el ambiente del hemiciclo con una aplicación y defender que la política también puede ejercerse desde la serenidad.
En sus primeros 100 días al frente de la vicepresidencia, Cuerpo ha proyectado una imagen de técnico disciplinado, casi quirúrgico, que busca marcar distancia con el desgaste habitual del poder. Según la información publicada por El País, el ministro recurre incluso a la meditación y presta atención a los decibelios del Congreso como si la temperatura del debate fuera también un indicador de gestión. No es un gesto anecdótico: forma parte de una estrategia para blindarse frente al ruido político y mantener el foco en la agenda económica, en un momento en que cualquier comparecencia pública puede terminar absorbida por preguntas sobre corrupción, pactos y el deterioro institucional.
La apuesta tiene lectura política y también simbólica. Cuerpo quiere resignificar la palabra “político” en un país donde esa etiqueta suele arrastrar una carga de desconfianza ciudadana. Su perfil, más asociado a la gestión que al enfrentamiento, encaja con la necesidad del Ejecutivo de exhibir solvencia económica mientras la discusión pública se dispersa entre escándalos, desafección y cansancio social. Pero esa misma distancia del ruido plantea un desafío: gobernar no solo exige estabilidad y cifras macroeconómicas, también capacidad para conectar con una ciudadanía que percibe la política como un territorio cada vez más cerrado y defensivo. En ese terreno, la pregunta no es solo si Carlos Cuerpo puede mantener la calma, sino si esa calma alcanza para renovar el vínculo entre el Gobierno y una opinión pública hastiada.
Lo que está en juego va más allá de la figura de un ministro con modales de técnico. En una legislatura marcada por la polarización y la sospecha, el desempeño de Cuerpo servirá para medir si aún es posible ejercer poder sin alimentar la lógica del choque permanente. Si logra sostener una agenda económica creíble, podría convertirse en una de las piezas más sólidas del Ejecutivo. Si no, su vuelo imperturbable corre el riesgo de parecer una excepción elegante en medio de una política que, por ahora, sigue premiando a quienes hacen más ruido.



