Colombia

Galán llega al tramo final sin nuevos cables aéreos y crece la presión por los barrios altos

Hace 2 horas

A 18 meses de terminar el mandato de Carlos Fernando Galán, Bogotá sigue sin sumar nuevos cables aéreos pese a las promesas de mejorar la movilidad en las laderas. La denuncia de Julián Forero reabre el debate sobre si la ciudad está priorizando las soluciones que más necesitan sus barrios altos.

A 18 meses de que termine el mandato de Carlos Fernando Galán, Bogotá sigue sin contratar nuevos cables aéreos, una apuesta que durante años ha sido presentada como clave para conectar las laderas y reducir los tiempos de viaje en sectores altos de la ciudad. La ausencia de nuevos avances concretos, según la denuncia del cabildante Julián Forero, vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda para la administración: si la política de movilidad está respondiendo a las necesidades urgentes de miles de familias que todavía dependen de trayectos largos, costosos y desgastantes para salir de sus barrios.

Forero sostiene que la Alcaldía ha dejado en segundo plano otras alternativas para mejorar el transporte en zonas de difícil acceso, mientras los hogares de las laderas siguen esperando soluciones que realmente transformen su vida cotidiana. El señalamiento no es menor porque en Bogotá la movilidad de los barrios altos no se mide solo en infraestructura, sino en tiempo perdido, acceso al empleo, oportunidades educativas y calidad de vida. En una ciudad marcada por la segregación geográfica, cada minuto que un ciudadano invierte en bajar y subir cerros tiene un costo económico y social que rara vez aparece en los balances oficiales.

El caso también expone una tensión de fondo: la distancia entre los anuncios de gobierno y la velocidad real de ejecución. Los cables aéreos han sido defendidos en varias ciudades de América Latina como sistemas capaces de integrar sectores periféricos con la red troncal de transporte, pero su implementación exige planeación, recursos y decisiones políticas sostenidas. Que, a estas alturas del mandato, no haya nuevos contratos cerrados abre dudas sobre la capacidad de la administración para convertir esa visión en obras tangibles antes de que empiece a cerrar su ciclo. En términos prácticos, el debate no es técnico sino profundamente político: qué barrios reciben prioridad, qué soluciones se aplazan y quién sigue cargando con el costo del rezago.

Por eso la denuncia de Forero tiene eco más allá del Concejo. En Bogotá, donde buena parte de la población vive entre la urgencia del día a día y la promesa recurrente de una movilidad más justa, la discusión sobre los cables aéreos se convirtió en un termómetro de gestión. Si la ciudad no acelera decisiones sobre estas obras, la narrativa de transformación seguirá chocando con una realidad conocida por miles de familias: para subir y bajar de sus casas, el tiempo sigue siendo el primer impuesto que pagan.

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