Ex cancilleres piden a América Latina cerrar filas por la ONU

Imagen: clarin colombia
Veintidós ex cancilleres de América Latina y el Caribe pidieron a sus gobiernos unificar postura para respaldar a un candidato regional en la carrera por la Secretaría General de la ONU. La advertencia llega cuando gana terreno la opción de una diplomática de Emiratos Árabes y entre los postulantes figura el argentino Rafael Grossi.
La carrera por la Secretaría General de la ONU entró en una fase de mayor presión política para América Latina y el Caribe. Veintidós ex cancilleres de la región firmaron una carta abierta en la que llaman a los gobiernos del bloque a construir una posición común para que el próximo titular del organismo sea un candidato latinoamericano o caribeño, en un movimiento que busca frenar el impulso que ha tomado una diplomática de Emiratos Árabes Unidos en esta competencia internacional.
La advertencia no es menor porque, según informó Clarín Colombia, entre los nombres que buscan posicionarse para suceder en el cargo figuran el argentino Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, y la aspirante emiratí que ha ganado visibilidad en la puja diplomática. La carta fue respaldada por figuras con peso en la diplomacia regional, entre ellas los argentinos Rafael Bielsa, Susana Malcorra y Jorge Taiana, lo que eleva el costo político para cualquier gobierno de la zona que decida mirar hacia otro lado.
Más allá de la competencia entre nombres, el trasfondo es una discusión de poder: la ONU sigue siendo uno de los espacios donde se reparte influencia global, y la Secretaría General no solo administra burocracia internacional, sino que marca prioridades, media conflictos y da tono político a las crisis del sistema multilateral. Para América Latina, que históricamente ha reclamado mayor presencia en los organismos de decisión, la fragmentación interna puede terminar favoreciendo a otros bloques mejor organizados. Por eso, los ex cancilleres insisten en que la región no debería llegar dividida a una elección que, además de simbólica, define capacidad de incidencia en temas que golpean directamente a sus países, desde migración hasta desarrollo y seguridad.
El llamado también revela una vieja debilidad latinoamericana: su dificultad para traducir afinidades regionales en una estrategia diplomática sostenida. Si los gobiernos del área no logran una postura común, la candidatura regional corre el riesgo de diluirse frente a potencias y alianzas con mayor disciplina política. En un tablero donde cada respaldo cuenta, la carta funciona menos como gesto protocolario que como una advertencia concreta: o América Latina se ordena, o verá pasar otra oportunidad de ocupar un puesto central en la arquitectura global.



