Cartagena: 170 trabajadores del Nuevo Hospital Bocagrande siguen sin salario desde hace cinco meses
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Unos 170 trabajadores del Nuevo Hospital Bocagrande, en Cartagena, completan cinco meses sin salario pagado y también reclaman prestaciones pendientes. La crisis laboral golpea a médicos y personal asistencial que sostienen la atención diaria mientras aumenta la incertidumbre.
La crisis financiera del Nuevo Hospital Bocagrande, en Cartagena, ya se traduce en una bomba de tiempo laboral y asistencial: cerca de 170 médicos y trabajadores del área de apoyo denuncian que llevan cinco meses sin recibir salario y que, además, la institución les adeuda prestaciones. El reclamo no es menor. En un sector donde la continuidad del servicio depende del personal de primera línea, la falta de pago no solo afecta el bolsillo de los empleados, sino también la estabilidad de la atención a los pacientes que llegan cada día a esta clínica de la capital de Bolívar.
Según informó El Tiempo (Colombia), los trabajadores aseguran que los sueldos de enero, febrero, marzo, julio y agosto no han sido cancelados, y que la deuda incluye obligaciones laborales que suelen ser decisivas para la supervivencia económica de cientos de familias. La situación evidencia un deterioro que ya no puede leerse como un atraso aislado, sino como un problema estructural dentro de la operación del hospital. Cuando una institución de salud acumula este nivel de incumplimiento, lo que entra en juego es su capacidad real para retener talento, garantizar turnos completos y sostener estándares mínimos de atención.
El caso de Bocagrande también vuelve a poner sobre la mesa una discusión de fondo en Colombia: la fragilidad financiera de buena parte del sistema de salud y la forma en que las deudas entre clínicas, EPS y operadores terminan trasladándose a los trabajadores. En la práctica, el personal médico y asistencial suele quedar atrapado en medio de demoras administrativas, problemas de flujo de caja y decisiones gerenciales que terminan recortando el salario de quienes menos margen tienen para absorber el golpe. Para Cartagena, una ciudad donde el acceso oportuno a servicios de salud ya enfrenta presiones propias de la demanda turística y del crecimiento urbano, el conflicto añade un riesgo adicional.
Más allá del reclamo puntual, la pregunta de fondo es cuánto tiempo puede sostenerse una institución sanitaria cuando su planta básica trabaja sin recibir ingresos de manera regular. Si la deuda se prolonga, el escenario más probable es una mayor rotación de personal, desgaste operativo y una pérdida de confianza que puede terminar impactando a los pacientes. En un hospital, el salario atrasado no es solo una irregularidad laboral: es una advertencia sobre la salud misma de la institución.



