Centro Democrático niega pacto con el Pacto Histórico por elección de Henríquez

Imagen: infobae colombia
El Centro Democrático rechazó que la elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado obedeciera a un acuerdo con el Pacto Histórico. Gabriel Vallejo habló de una campaña de desprestigio y defendió la postulación como una decisión interna del partido.
El Centro Democrático salió a desmarcarse de cualquier entendimiento con el Pacto Histórico alrededor de la elección de Honorio Henríquez como presidente del Congreso, en medio de versiones que empezaron a circular tras la votación. Gabriel Vallejo Chujfi, director de la colectividad, negó que hubiera existido un acuerdo político entre ambas bancadas y sostuvo que la decisión responde exclusivamente a la línea interna del partido y a la coherencia de su dirigencia.
La reacción del uribismo no es menor: llega en un momento en el que cualquier movimiento dentro del Capitolio es leído con suspicacia, especialmente cuando involucra a fuerzas enfrentadas en la agenda nacional. Según informó Infobae Colombia, Vallejo insistió en que las versiones sobre un supuesto pacto hacen parte de una estrategia para golpear la credibilidad del Centro Democrático, una colectividad que ha hecho de la oposición al Gobierno uno de sus principales ejes políticos.
Más allá del cruce de acusaciones, el episodio deja ver algo más profundo: en el Congreso colombiano, la elección de una mesa directiva rara vez se interpreta solo como un trámite administrativo. Cada voto, cada respaldo y cada ausentismo se convierten en material para leer alianzas, tensiones y eventuales transacciones entre partidos que, en público, se declaran rivales. Por eso la aclaración del Centro Democrático busca blindar su narrativa: que la postulación de Henríquez no fue una concesión al Gobierno ni una jugada compartida con el petrismo, sino una decisión tomada bajo los principios de la organización.
El trasfondo político también importa porque la presidencia del Senado no es una silla simbólica. Desde allí se fijan ritmos legislativos, se administran debates y se ejerce influencia sobre la agenda del Congreso, en un año en el que el Ejecutivo necesita mover reformas y la oposición intenta frenar o modificar el rumbo de varias iniciativas. En ese escenario, cualquier sospecha de entendimiento entre antagonistas puede costar caro en términos de confianza interna y de imagen pública. El Centro Democrático, consciente de ese costo, optó por cerrar filas y negar cualquier lectura de componenda, mientras intenta evitar que el episodio se convierta en una grieta dentro de su propio electorado.



