Ministro de Vivienda viaja a Santa Marta y agrava la crisis política del gobierno

Imagen: clarin colombia
En plena emergencia política por el terremoto, el ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, viajó a Santa Marta apenas días después de llegar al cargo. Su salida reavivó las críticas y los pedidos de renuncia dentro y fuera del gobierno.
La polémica en torno al ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, se convirtió en un nuevo frente de desgaste para el gobierno de Abelardo de la Espriella. Según informó Clarín Colombia, Beltrán viajó el fin de semana a Santa Marta, en el Caribe, cuando todavía no cumplía diez días en el Ejecutivo, en medio de la crisis política y administrativa desatada por el terremoto. La decisión cayó como un balde de agua fría en un momento en que la ciudadanía espera presencia, coordinación y señales de control desde el gabinete.
De acuerdo con la información conocida, el viaje del ministro no fue leído como una pausa menor sino como un gesto políticamente inoportuno, especialmente porque arrecian los pedidos de renuncia tanto desde sectores del propio gobierno como desde la oposición. En la práctica, el episodio alimenta una percepción cada vez más costosa para el Ejecutivo: la de un gabinete que llega tarde a las urgencias y que además exhibe grietas internas apenas iniciado su funcionamiento. En un país donde la gestión de una crisis se mide también por los símbolos, una escapada a la playa en medio de la tormenta termina pesando más que cualquier explicación técnica.
El trasfondo es más grave que la anécdota. En Colombia, los ministros no solo administran carteras; también representan el pulso político de un gobierno frente a momentos de crisis. Cuando un funcionario recién posesionado se ausenta en medio de una emergencia, la lectura inmediata es de desconexión con el país real y de debilidad en la conducción. Para la Casa de Nariño, el problema no es únicamente la imagen: es la pérdida de autoridad para exigir disciplina interna y para contener la ofensiva de una oposición que ve en este episodio una prueba de improvisación. Si el terremoto ya había puesto a prueba la capacidad del Estado, la salida de Beltrán a Santa Marta añade una capa de descrédito que el gobierno tendrá difícil de cerrar.
Lo que ocurra en las próximas horas será decisivo. Si el ministro intenta sostenerse, deberá ofrecer algo más que una explicación logística; necesitará convencer de que entiende la gravedad política del momento. Si, por el contrario, prosperan las voces que piden su salida, el gobierno de Abelardo de la Espriella sumará otra baja temprana en un arranque que ya luce frágil. En la política colombiana, pocas cosas desgastan tanto como la impresión de que el poder está mirando hacia otro lado mientras el país pide respuesta inmediata.




