Colombia

Directora del Icbf denuncia presiones y promete una transformación sin concesiones

Hace 2 horas

La directora del Icbf, Carolina Restrepo, dijo sentirse presionada y amenazada en medio de los cuestionamientos sobre su gestión. Aseguró que llegó a la entidad para poner orden y no para proteger intereses ni conservar privilegios.

La directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Carolina Restrepo, elevó el tono en medio de la tormenta política y administrativa que rodea su gestión al afirmar que se siente “presionada y amenazada” por los cuestionamientos en su contra. Su mensaje no fue una simple defensa personal: también fue una declaración de intención frente a una entidad históricamente sensible, que maneja programas clave para la niñez, la adolescencia y las familias más vulnerables del país.

Según informó infobae colombia, Restrepo sostuvo que no llegó al Icbf para “proteger intereses” ni para “conservar privilegios”, sino para “poner orden”. Esa frase resume el pulso que hoy se vive dentro y fuera de la entidad: de un lado, una directora que intenta marcar distancia con prácticas heredadas; del otro, sectores que observan con recelo los cambios, las decisiones internas y el reacomodo de poder que suele acompañar cualquier transición en una institución de ese tamaño. En un organismo donde se administran recursos, contratos y decisiones con impacto directo sobre millones de colombianos, cada movimiento tiene consecuencias políticas y sociales.

Lo que está en juego va mucho más allá de una controversia personal. El Icbf no es una entidad cualquiera: es una de las columnas del Estado social en Colombia y, por tanto, cualquier crisis alrededor de su dirección golpea la confianza pública en la capacidad institucional para proteger a la infancia. Cuando una funcionaria de ese nivel habla de presiones y amenazas, el mensaje inevitable es que la disputa ya no es solo administrativa, sino también política. Y eso obliga a mirar con lupa qué tipo de resistencias enfrenta, quiénes se incomodan con la depuración que dice impulsar y hasta dónde está dispuesta a llegar para sostener su narrativa de transformación.

La frase sobre que “la transformación ya empezó, les guste o no” revela además una apuesta de confrontación que puede tener dos lecturas. Por un lado, transmite determinación y voluntad de cambio; por otro, anticipa una gestión más tensa, con costos en gobernabilidad si no logra traducir esa firmeza en resultados concretos. Para las familias que dependen de los servicios del Icbf, el debate de fondo no debería ser la pelea de élites alrededor de la dirección, sino si los niños y adolescentes reciben atención oportuna, transparente y eficaz. Y esa, al final, será la verdadera prueba para medir si la transformación que promete Restrepo termina siendo un giro de fondo o apenas otro episodio de desgaste institucional.

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