Sube a 85 el número de muertos en Cali tras el terremoto y la región sigue en alerta
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El balance del sismo que golpeó al suroccidente y al Eje Cafetero siguió empeorando este 11 de agosto: en Cali, los muertos subieron a 85 y los heridos a 885, según el alcalde Alejandro Eder. Pereira, Cali, Quibdó, Manizales y Armenia siguen en alerta roja por la magnitud de los daños.
Cali amaneció este 11 de agosto con un balance más grave del terremoto que sacudió varias regiones del país: la cifra de muertos en la capital del Valle del Cauca subió a 85 y la de heridos a 885, de acuerdo con el alcalde Alejandro Eder. El dato confirma que la emergencia no ha cedido y que el impacto humano del sismo sigue creciendo mientras los equipos de socorro trabajan contrarreloj para atender a los afectados y revisar el estado de viviendas, vías e infraestructura crítica.
La situación no se limita a Cali. Pereira, Quibdó, Manizales y Armenia permanecen en alerta roja por la magnitud de los daños reportados, lo que deja ver una afectación regional de gran alcance. Esa declaratoria no es un trámite administrativo: en la práctica implica vigilancia reforzada, priorización de recursos y una respuesta más agresiva de los organismos de emergencia frente a posibles derrumbes, fallas estructurales y nuevas complicaciones en zonas vulnerables. La información divulgada por El Tiempo (Colombia) muestra que las autoridades siguen actualizando el panorama a medida que avanzan las labores de rescate y verificación.
El aumento en el número de víctimas también pone sobre la mesa una realidad conocida pero muchas veces ignorada en Colombia: la fragilidad estructural de muchas ciudades frente a un evento sísmico de gran magnitud. Cuando una sacudida de este tipo golpea centros urbanos densamente poblados, el daño no se mide solo en fallecidos y heridos, sino en hospitales saturados, familias desplazadas, interrupción del transporte, pérdidas económicas y una presión inmediata sobre los gobiernos locales. En Cali, además, la emergencia abre un debate inevitable sobre prevención, actualización de normas de construcción y capacidad de respuesta institucional, porque cada minuto perdido se traduce en más riesgo para la población.
Lo que viene ahora dependerá de dos frentes: la velocidad con que los rescatistas logren llegar a las zonas más afectadas y la capacidad del Estado para sostener una atención integral a los damnificados. Si las cifras siguen subiendo, como ha ocurrido en las últimas horas, el país enfrentará no solo una crisis humanitaria, sino también una prueba de fondo sobre su preparación real para enfrentar desastres naturales de gran escala. Para miles de familias en Cali y en las otras ciudades en alerta roja, la prioridad ya no es el conteo, sino sobrevivir al después del terremoto.

