Colonos ocupan una casa palestina en Qusra y soldados israelíes son grabados rezando con ellos
Colonos israelíes llevan días ocupando la entrada de una casa palestina en Qusra, mientras soldados no solo no los desalojan sino que fueron captados rezando con ellos. El caso expone de nuevo la impunidad en Cisjordania y la vulnerabilidad cotidiana de familias civiles.
Un grupo de colonos israelíes lleva desde el domingo instalado en la entrada de una vivienda palestina en la aldea de Qusra, al sur de Nablus, en Cisjordania, sin que el Ejército israelí los haya desalojado. La escena, ya de por sí grave, escaló cuando soldados fueron grabados rezando junto a los ocupantes, una imagen que para los palestinos resume con crudeza la línea borrosa entre fuerzas de seguridad y colonización en un territorio ocupado.
Según confirmó a EFE Qusay abu Ridi, vecino de la zona, unos seis colonos montaron una carpa, llevaron colchones y sillas y se apostaron a apenas 15 metros de la casa de su hermano, donde permanece atrapada una familia palestina con dos hijas. Abu Ridi, que vive en la vivienda familiar mientras su hermano reside en Estados Unidos, aseguró que el cerco no es un episodio aislado sino parte de un patrón de hostigamiento. De acuerdo con imágenes revisadas por EFE, al menos cuatro soldados se sumaron a una oración con los colonos frente a la casa, mientras otros dos aparecían sentados bajo la carpa con ellos, ya en uniforme militar. El diario Haaretz, por su parte, denunció que los mismos soldados impidieron el acceso a una reportera y a un fotógrafo, mantuvieron su vehículo bloqueado durante dos horas y aplicaron a periodistas y activistas una orden de “zona militar cerrada” que, según el medio, no se hizo valer contra los colonos.
Lo que ocurre en Qusra importa más allá de esa aldea. En Cisjordania, la expansión de asentamientos y la protección de hecho que reciben de las fuerzas israelíes han sido durante años una de las principales fuentes de fricción con la población palestina. El episodio descrito por los vecinos encaja en una dinámica más amplia: colonos que avanzan, el Ejército que controla el terreno, y civiles palestinos que quedan atrapados entre el miedo, el bloqueo y la falta de recursos básicos. Abu Ridi relató que el campamento levantado ahora es la fase más reciente de una ofensiva que comenzó hace meses, cuando colonos se acercaron a unos 300 metros de las casas, robaron cámaras de vigilancia, dañaron generadores y se movieron con cada vez más libertad. En ese contexto, la ausencia de arrestos y la respuesta ambigua de las autoridades alimentan entre los palestinos la sensación de que la ley funciona de forma desigual según quién ocupe el espacio.
El Ejército israelí, consultado por EFE, evitó explicar por qué no ha detenido a los colonos ni por qué se les permitió permanecer allí, y solo indicó que los comandantes revisan el incidente y que podrían adoptarse medidas disciplinarias según el resultado de esa revisión. Pero el daño político ya está hecho. En un territorio donde cada incursión, cada puesto improvisado y cada restricción de movimiento pesan sobre la vida diaria, episodios como el de Qusra no solo generan indignación: refuerzan la percepción de que la ocupación avanza no únicamente con armas, sino también con tolerancia institucional y silencios calculados. Para las familias palestinas, la pregunta no es solo cuándo se irán los colonos, sino si realmente existe alguna autoridad dispuesta a hacerlos salir.


