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ONU abre su Asamblea General entre guerras, clima y la presión de la inteligencia artificial

Hace 16 horas

La Asamblea General de la ONU abrió en medio de guerras, tensión climática y el avance acelerado de la inteligencia artificial. Cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno pasan por Nueva York en una semana que medirá si todavía existe margen para la cooperación global.

La Asamblea General de la ONU arrancó este lunes en Nueva York con una agenda que refleja, sin maquillaje, el tamaño de las crisis que hoy sacuden al mundo: guerras abiertas, presión climática y una carrera tecnológica que avanza más rápido que las reglas para controlarla. Cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno participarán en el encuentro anual, que vuelve a poner a Naciones Unidas en el centro de la conversación internacional, aunque con una pregunta incómoda de fondo: cuánto poder real conserva el organismo para frenar conflictos y ordenar prioridades comunes.

El secretario general António Guterres será el encargado de abrir formalmente el debate con su discurso inaugural, en un escenario marcado por la fragmentación geopolítica y la desconfianza entre potencias. Este martes será el turno de varios de los nombres más influyentes del tablero internacional, entre ellos Donald Trump, Emmanuel Macron y Luiz Inácio Lula da Silva, además de otros mandatarios que buscarán proyectar liderazgo en un momento en el que la diplomacia multilateral parece ir a contramano de las tensiones globales. La presencia simultánea de estas figuras no solo anticipa una ronda de discursos; también pone a prueba si existe terreno común para hablar de paz, transición energética y regulación tecnológica.

El contexto importa porque esta no es una Asamblea General cualquiera. La reunión llega mientras persisten guerras que desangran regiones enteras, el cambio climático sigue golpeando con más frecuencia e intensidad a las economías y la inteligencia artificial se instala como una fuerza de transformación que ya impacta empleos, seguridad, información y poder. Para Estados Unidos, el foro servirá como termómetro de su liderazgo en un escenario internacional cada vez más disputado; para América Latina, y particularmente para Colombia, la cita también pesa porque de estas discusiones dependen señales sobre cooperación, financiamiento climático, seguridad global y reglas para tecnologías que ya atraviesan la vida cotidiana. En otras palabras, lo que se diga en Nueva York puede tardar meses en traducirse en decisiones concretas, pero el tono de esta semana anticipará si el mundo está dispuesto a coordinarse o si seguirá administrando sus crisis por separado.

Más allá de los discursos, la Asamblea deja al descubierto una verdad incómoda: el planeta enfrenta problemas que ya no caben en respuestas nacionales aisladas. Si la ONU logra encauzar хотя sea una parte de ese debate, habrá cumplido una función básica en tiempos de desorden; si no, quedará otra vez como escenario de grandes declaraciones y resultados limitados, justo cuando más se necesitarían acuerdos de fondo.

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