Mundo

Corea del Sur y la lección que cambió su basura en casi cero

Hace 7 horas

Corea del Sur pasó de enterrar casi toda su basura a reciclar el 97% de sus residuos en 2023, un salto que pocos países pueden exhibir. La clave fue una combinación de regulación estricta, tecnología y disciplina ciudadana aplicada durante décadas.

Corea del Sur logró una transformación ambiental que ya se estudia como referencia global: en 2023 alcanzó una tasa de reciclaje del 97% después de haber partido de un escenario en el que menos del 5% de los desechos se aprovechaba. El viraje no fue casual ni rápido. Fue el resultado de una estrategia sostenida en la que el Estado impuso reglas claras, las empresas ajustaron sus procesos y la ciudadanía terminó incorporando hábitos de separación y pago por generación de residuos.

De acuerdo con lo informado por infobae mundo, el cambio se apoyó en medidas concretas que empujaron a la población a reducir, clasificar y entregar correctamente la basura, especialmente los restos de comida, uno de los grandes desafíos urbanos del país. El sistema no solo castigó el desorden, también creó incentivos para que tirar menos fuera más conveniente que desperdiciar. Esa fórmula, aunque incómoda al comienzo, ayudó a construir una cultura ambiental que hoy distingue a Corea del Sur frente a otros países industrializados donde el reciclaje sigue estancado en cifras mucho más bajas.

El caso surcoreano importa porque demuestra que la gestión de residuos no depende únicamente de buena voluntad individual ni de campañas simbólicas. Requiere infraestructura, fiscalización, educación y una política pública capaz de sostenerse en el tiempo. En un mundo donde las ciudades producen cada vez más basura y el desperdicio de alimentos agrava la presión sobre el clima y los recursos, la experiencia surcoreana deja una lección incómoda para América Latina y para Estados Unidos: cuando el sistema está diseñado para premiar el consumo desechable, la basura crece; cuando obliga a asumir el costo real del desperdicio, los resultados cambian. Lo que Corea del Sur muestra es que incluso hábitos muy arraigados pueden modificarse si hay decisión política y cooperación social.

También hay una advertencia detrás de este éxito: alcanzar altos niveles de reciclaje no significa resolver por completo el problema ambiental. Separar más residuos es apenas una parte de la ecuación; la otra es producir menos basura desde el origen. Aun así, la experiencia surcoreana deja una enseñanza poderosa para gobiernos y ciudades que enfrentan vertederos saturados, sistemas de recolección ineficientes y presupuestos públicos presionados. En términos simples, Corea del Sur probó que la basura no es un destino inevitable, sino el reflejo de cómo una sociedad decide organizarse.

Noticias relacionadas