Economía

La inflación reordena la despensa: más legumbres, menos pescado y compras vigiladas

Hace 58 minutos
La inflación reordena la despensa: más legumbres, menos pescado y compras vigiladas

Imagen: El País

La inflación alimentaria ha empujado a los hogares a una dieta más calculada: más visitas al supermercado, más legumbres y menos pescado. En cinco años, los precios de la comida han subido 35%, una presión que ya está reordenando el gasto familiar.

La cesta de la compra se ha convertido en un ejercicio de supervivencia doméstica. En los últimos cinco años, los alimentos han subido un 35%, según informó El País, y ese encarecimiento ha empujado a muchas familias a cambiar no solo qué compran, sino cómo compran: más visitas al supermercado para cazar ofertas, más productos básicos como legumbres y menos alimentos que antes eran habituales en la mesa, como el pescado. El resultado es un consumidor en “modo control”, obligado a vigilar cada euro y a ajustar el presupuesto familiar con una precisión que hace apenas un lustro era menos urgente.

El cambio no es menor porque afecta a la rutina diaria de millones de hogares. La subida acumulada en los precios de la comida no solo aprieta el bolsillo, sino que modifica hábitos de consumo, planificación y hasta la composición de la dieta. Cuando el dinero no alcanza igual, la compra se fragmenta: se compra más a menudo, se compara más, se recortan productos frescos o considerados más caros, y se priorizan alimentos que rinden más por menos dinero. Las legumbres, por su precio y versatilidad, ganan terreno; el pescado, por su coste, pierde espacio. No se trata de una preferencia gastronómica, sino de una adaptación forzada por la inflación.

Este movimiento dice mucho más que una simple mudanza en el carrito. Habla de una presión sostenida sobre el poder adquisitivo, de una economía cotidiana en la que el salario no siempre acompaña el ritmo de los precios y de una clase media que afina gastos para no perder margen. En países como España, donde la alimentación ocupa una parte sensible del presupuesto familiar, un alza de esta magnitud tiene efectos que van más allá del supermercado: altera hábitos nutricionales, profundiza desigualdades y obliga a muchos hogares a sacrificar calidad para sostener cantidad. Y ahí está la parte más preocupante: cuando la inflación se instala en la despensa, deja de ser una cifra y se convierte en una forma de vida.

La tendencia también abre una pregunta incómoda para el futuro inmediato: ¿cuánto puede aguantar el consumidor antes de que el ajuste deje de ser una estrategia temporal y se convierta en un deterioro estructural de su calidad de vida? Si los precios no aflojan y los ingresos no compensan, el “modo control” podría dejar de ser una reacción coyuntural para transformarse en la nueva normalidad de consumo en buena parte de los hogares.

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