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Colombia enciende alertas: récord de consumo eléctrico y presión sobre la generación térmica

Hace 4 horas

La demanda eléctrica en Colombia alcanzó en mayo un nivel nunca visto y los embalses quedaron por debajo de la meta de la CREG para enfrentar una sequía. El sistema entra en una fase de vigilancia justo cuando vuelve a ganar fuerza el riesgo de un nuevo fenómeno de El Niño.

Colombia volvió a tocar una alarma vieja, pero cada vez más costosa: en mayo, la demanda de energía eléctrica marcó máximos históricos y obligó a poner bajo presión la generación térmica ante la posibilidad de un nuevo fenómeno de El Niño. El dato no es menor. Cuando el consumo sube al mismo tiempo que los embalses se quedan por debajo del nivel de seguridad esperado, el margen de maniobra del sistema eléctrico se reduce y cualquier desaceleración de las lluvias puede traducirse en energía más cara y en un tablero más frágil para hogares, comercios e industria.

De acuerdo con la información divulgada por infobae colombia, los embalses quedaron por debajo de la meta establecida por la Comisión de Regulación de Energía y Gas, la CREG, precisamente para tener una reserva suficiente frente a una eventual sequía. Eso significa que, si las lluvias no alcanzan a recomponer las reservas hídricas en los próximos meses, el país tendrá que recurrir con más frecuencia a las plantas térmicas, que funcionan con gas y carbón y suelen ser más costosas que las hidroeléctricas. En términos prácticos, el sistema no está solo mirando cuánta energía se consume, sino con qué combustible podrá sostenerse el suministro si el agua vuelve a escasear.

Este cuadro importa porque Colombia sigue dependiendo en gran medida de la generación hidráulica, una fortaleza cuando llueve, pero también una vulnerabilidad cuando el clima cambia de manera brusca. El recuerdo de episodios de El Niño anteriores sigue fresco en el sector energético: menos agua en los embalses suele significar mayor uso de térmicas, alza de costos y más presión sobre los precios finales. Para los usuarios, eso puede sentirse en la factura; para las empresas, en mayores gastos operativos; y para el Gobierno, en una tarea incómoda pero inevitable: asegurar el suministro sin disparar el costo de la energía. Por eso el comportamiento de mayo no debe leerse como una cifra aislada, sino como una señal temprana de estrés en el sistema.

La gran pregunta ahora es si el país llegará preparado al próximo tramo seco o si volverá a improvisar sobre la marcha, como tantas veces ocurre en sectores donde la inversión corre detrás del riesgo. Reforzar la generación térmica es una medida de contención, no una solución de fondo. La discusión de fondo sigue siendo la misma: Colombia necesita más diversificación, más respaldo en infraestructura y una gestión más fina del agua y la demanda. Porque cuando sube el consumo y cae la reserva hídrica, no solo tiembla el sector eléctrico; también se resiente la economía cotidiana de millones de personas que dependen de que la luz simplemente siga encendida.

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