Costa Rica se suma en Nueva York a mesa regional contra narco y minería ilegal

Imagen: infobae estados unidos
Costa Rica se sentó en Nueva York en una mesa de 15 gobiernos convocada en el entorno de Donald Trump para discutir narcotráfico, minería ilegal y la crisis política en Cuba y Nicaragua. La reunión refleja cómo la seguridad regional vuelve a ordenarse desde Washington.
Costa Rica quedó este lunes en el centro de una discusión que va mucho más allá de sus fronteras: el canciller Manuel Tovar representó al país en una reunión de alto nivel en Nueva York, convocada en el marco de la agenda de Donald Trump, donde 15 gobiernos latinoamericanos y del Caribe analizaron cómo enfrentar el narcotráfico, la minería ilegal y el deterioro institucional en países como Cuba y Nicaragua. El encuentro confirma que la seguridad regional volvió a ser tratada como un asunto político de primer orden, no solo policial.
De acuerdo con lo informado por infobae estados unidos, la cita reunió a representantes de varias naciones con el objetivo de coordinar estrategias frente a amenazas que ya no se limitan al crimen organizado tradicional. La conversación incluyó el avance de economías ilegales que se alimentan de rutas marítimas, corrupción local y vacíos de control estatal, así como la situación política de regímenes que mantienen tensiones persistentes con Washington y con buena parte del hemisferio. En ese contexto, la presencia de Costa Rica no es menor: el país, históricamente visto como una democracia estable en Centroamérica, intenta posicionarse como un actor confiable en una región cada vez más presionada por redes criminales transnacionales.
El dato de fondo es que tanto el narcotráfico como la minería ilegal han dejado de ser problemas aislados para convertirse en engranajes de una misma economía clandestina que financia violencia, desplaza comunidades y erosiona instituciones. Para Estados Unidos, este tipo de reuniones sirve para alinear intereses de seguridad en su vecindad inmediata; para países como Costa Rica, representa una forma de blindarse diplomáticamente y reclamar cooperación frente a amenazas que desbordan sus capacidades internas. Y para Colombia y el resto de la región, el mensaje es claro: la conversación hemisférica sobre seguridad vuelve a endurecerse, con más foco en control territorial, combate a mafias y presión política sobre gobiernos cuestionados.
Que esta discusión se haya realizado en Nueva York y no en una capital latinoamericana también dice mucho sobre el equilibrio de poder en la región. Washington sigue marcando el ritmo de la agenda antidrogas y contra las economías ilícitas, mientras los gobiernos del continente buscan no quedar relegados a un papel meramente reactivo. En la práctica, estas cumbres suelen anticipar nuevas formas de cooperación, pero también revelan una verdad incómoda: mientras persistan la debilidad institucional, la impunidad y la desigualdad, las mafias seguirán encontrando terreno fértil para expandirse.




