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España y Marruecos reabren en Nueva York la crisis de Ceuta por los menores migrantes

Hace 13 horas
España y Marruecos reabren en Nueva York la crisis de Ceuta por los menores migrantes

Imagen: El País

España y Marruecos volverán a sentarse en Nueva York para tratar una de las secuelas más delicadas de la crisis de Ceuta: el retorno de los menores y jóvenes migrantes que siguen en la ciudad autónoma. El Gobierno dice que desde este martes se acelerarán sus identificaciones y filiaciones.

La diplomacia española y la marroquí volverán a medirse esta semana en Nueva York con un asunto incómodo sobre la mesa: qué hacer con los menores y jóvenes migrantes que siguen en Ceuta tras la llegada masiva de agosto. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, aprovechará su agenda en la Asamblea General de la ONU para reunirse con su homólogo marroquí y encarar el retorno de estos chicos, mientras el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha anticipado que desde este martes se acelerarán las filiaciones para ordenar su situación administrativa.

La reunión llega en un momento en el que el Ejecutivo intenta pasar de la gestión de urgencia a una salida política y burocrática de una crisis que dejó expuestas las costuras del control fronterizo entre ambos países. El foco está puesto en los menores no acompañados que entraron en Ceuta durante los días de máxima tensión y que continúan bajo tutela de las autoridades españolas. Según el planteamiento del Gobierno, el objetivo es identificar con rapidez a cada uno de ellos para distinguir los casos que podrían ser devueltos a Marruecos de aquellos que, por su situación, deban permanecer en territorio español bajo protección. La palabra “retorno” no es menor: en este expediente conviven la presión política, la legalidad sobre menores extranjeros y la necesidad de recomponer la relación con Rabat.

El trasfondo es más amplio que un trámite consular. Ceuta se ha convertido, una vez más, en el termómetro de la relación bilateral entre España y Marruecos, una relación que se tensa cada vez que la frontera se usa como palanca diplomática. Lo ocurrido en agosto dejó una lección incómoda para Madrid: sin cooperación real con Rabat, cualquier dispositivo fronterizo queda expuesto. Y para Marruecos, el episodio también elevó el coste político de permitir o tolerar una entrada masiva que golpeó a una ciudad pequeña, con recursos limitados para atender a centenares de menores. En términos prácticos, lo que ocurra en Nueva York puede marcar el ritmo de los próximos días en los centros de acogida ceutíes, donde la saturación no se resuelve con declaraciones, sino con decisiones concretas y rápidas.

Para las familias, las ONG y los propios menores, el reloj corre en sentido inverso al de la diplomacia. Cada día sin una solución agrava la incertidumbre sobre su futuro, su escolarización y su protección efectiva. El Gobierno busca cerrar este capítulo con una mezcla de negociación y administración, pero el desenlace seguirá dependiendo de algo más difícil de garantizar: que Marruecos acepte colaborar en serio y que España logre hacerlo sin vulnerar derechos ni convertir a niños y adolescentes en piezas de una disputa fronteriza que sigue abierta.

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