Cepeda desata polémica por usar la camiseta de la Selección como gesto político

Imagen: infobae colombia
Iván Cepeda quedó en el centro de críticas tras un evento en Bogotá en el que simpatizantes del Pacto Histórico lucieron prendas oficiales de la Selección Colombia. El gesto, leído como una maniobra simbólica, reabrió el debate sobre la apropiación política de los símbolos nacionales.
La controversia alrededor de Iván Cepeda creció luego de un evento en Bogotá en el que varios políticos y simpatizantes del Pacto Histórico aparecieron vistiendo la prenda oficial de la Selección Colombia, en medio de un ambiente ya cargado por sus recientes choques con Abelardo de la Espriella. La escena, que según informó infobae colombia terminó convirtiéndose en tema de discusión en redes y entre sus contradictores, fue interpretada por muchos como un intento de capitalizar el fervor popular que despierta el combinado nacional para reforzar una narrativa política en campaña.
Más allá del gesto puntual, lo que encendió las críticas fue la lectura simbólica del acto: entregar o exhibir prendas asociadas a la Tricolor en un contexto proselitista puede sonar inocente para sus defensores, pero para sus detractores es una forma de instrumentalizar un símbolo que trasciende cualquier partido. La Selección Colombia no es solo una marca deportiva; es un emblema emocional que cruza clases sociales, regiones y posiciones ideológicas. Por eso, cuando un acto político se apoya en su imagen, la discusión deja de ser estética y pasa a tocar una fibra sensible del país: quién puede apropiarse de lo que todos sienten como propio.
El episodio también revela algo más profundo sobre la forma en que hoy se hace política en Colombia. En un escenario donde la conversación pública se define tanto por los gestos como por las propuestas, los candidatos y sus aliados buscan asociarse con símbolos de alto impacto emocional para ganar cercanía, visibilidad y relato. Pero esa estrategia tiene un costo: puede terminar alimentando la percepción de oportunismo, especialmente cuando viene acompañada de ataques cruzados entre figuras de distintas orillas. En este caso, el contraste entre la crítica de Cepeda a De la Espriella y la aparición de prendas de la Selección en un acto de apoyo político reforzó la idea de que la pelea no es solo de ideas, sino también de imagen, identidad y cálculo electoral.
Lo que este episodio deja en claro es que en Colombia la política ya no se disputa únicamente en mítines, debates o entrevistas: también se libra en el terreno de los símbolos. Y cuando esos símbolos pertenecen al imaginario colectivo más amplio, como la camiseta de la Selección, cualquier movimiento puede convertirse en una provocación o en una muestra de cercanía, según quién lo mire. Para la gente de a pie, que suele sentirse más representada por el orgullo deportivo que por los partidos, la polémica funciona como recordatorio de una tensión vieja pero vigente: la distancia entre el país real y la manera en que sus dirigentes intentan hablarle.



