Colombia se alinea con EE.UU. y reconoce la soberanía israelí sobre los Altos del Golán

Imagen: BBC Mundo
Colombia quedó en una posición diplomática inusual al reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, un territorio ocupado por Israel desde 1967 y considerado estratégico por su valor militar y geopolítico. La decisión lo alinea con Estados Unidos y reaviva una disputa que sigue sin solución internacional.
Colombia dio un paso que no pasa inadvertido en la diplomacia internacional: reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, una meseta ocupada por Israel desde 1967 y considerada por buena parte de la comunidad internacional como territorio sirio bajo ocupación. La decisión es polémica no solo por el fondo jurídico del asunto, sino porque coloca a Bogotá en un grupo diminuto de países que respaldan esa postura, al lado de Estados Unidos.
El Golán es mucho más que una franja montañosa en el mapa. Su valor estratégico explica por qué sigue siendo uno de los territorios más sensibles del conflicto entre Israel y Siria. Desde esa posición elevada, quien controla la meseta tiene ventaja militar, capacidad de vigilancia sobre zonas cercanas y acceso a recursos hídricos clave en una región donde el agua es poder. Según informó BBC Mundo, Israel mantiene el control del territorio desde la guerra de 1967, cuando tomó la zona a Siria, y más tarde la anexó en una medida que la mayoría de países no ha reconocido.
La controversia de que Colombia respalde esa soberanía radica en que se aparta de la línea tradicional del derecho internacional, que no valida la adquisición de territorio por la fuerza. En la práctica, el gesto puede leerse como una señal política hacia Israel y Estados Unidos, pero también como una decisión con costos diplomáticos potenciales en el mundo árabe y ante organismos multilaterales. Para Colombia, que históricamente ha buscado equilibrio en los foros internacionales, el mensaje no es menor: no se trata solo de una declaración sobre Medio Oriente, sino de una toma de posición en un conflicto con implicaciones legales, geopolíticas y simbólicas.
Más allá del debate entre gobiernos, la discusión importa porque evidencia cómo una guerra de hace casi seis décadas sigue moldeando alianzas actuales. El caso del Golán recuerda que en la política internacional los territorios no son solo líneas en un mapa: son recursos, seguridad y narrativa. Y para Colombia, reconocer esa soberanía significa entrar en una disputa donde cada gesto diplomático tiene eco mucho más allá de la región andina.

