Familias de desaparecidos marchan en CDMX y exigen no borrar sus fichas de búsqueda
Imagen: infobae
Cientos de familiares de personas desaparecidas, colectivos y organizaciones marcharon en la Ciudad de México por el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. La protesta volvió a exhibir una herida abierta que el Estado no ha logrado cerrar: miles de ausencias y búsquedas que dependen, casi siempre, de la persistencia de las familias.
La Ciudad de México volvió a ser escenario de una exigencia que México arrastra desde hace años y que no deja de crecer: verdad, búsqueda y justicia para las personas desaparecidas. Cientos de familiares, colectivos y organizaciones marcharon este 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, para recordar que detrás de cada ficha de búsqueda hay una familia viviendo entre la incertidumbre, la rabia y la espera. La consigna que resumió el reclamo fue tan simple como dolorosa: no retirar las fichas de búsqueda, porque para miles de personas esas imágenes son el último vínculo visible con sus seres queridos.
La movilización, según informó infobae, reunió a personas que cargan fotografías, mantas y consignas como parte de una batalla cotidiana contra la desaparición, un fenómeno que en México ya desborda la capacidad institucional de respuesta. Los asistentes reclamaron que las autoridades no solo mantengan activas las búsquedas, sino que también fortalezcan la identificación forense, mejoren la coordinación entre fiscalías y garanticen investigaciones que no se pierdan en la burocracia. En las calles del centro capitalino, el mensaje fue directo: sin presión social, muchos casos quedan archivados; sin acompañamiento del Estado, la búsqueda recae casi por completo en las familias.
Este tipo de marchas no son una ceremonia simbólica más. Son una radiografía del fracaso institucional frente a una crisis humanitaria que se ha normalizado peligrosamente. México suma decenas de miles de personas desaparecidas y, aunque las cifras oficiales cambian con el tiempo, el dato más importante es otro: cada número representa una historia interrumpida y una red familiar en permanente desgaste. Para la sociedad, el impacto es profundo porque la desaparición forzada no termina con la ausencia física; se extiende a los hogares, a la economía doméstica, a la salud mental y a la confianza en las autoridades. En la práctica, madres, padres, hijas e hijos terminan convertidos en buscadores, peritos improvisados y voceros de su propia tragedia.
La jornada de este 30 de agosto dejó claro que el reclamo ya no es solo por encontrar a los ausentes, sino por obligar al Estado a asumir una responsabilidad que ha sido, por momentos, insuficiente y tardía. Mientras las fichas sigan pegadas en postes, paredes y plazas, la desaparición seguirá ocupando el centro de la vida pública mexicana, recordando que la deuda no es únicamente con quienes faltan, sino con una sociedad que vive entre la impunidad y el miedo.



