Cuba vuelve a oscurecerse: dos apagones nacionales en menos de un día
Imagen: El País
Cuba sufrió dos apagones nacionales en menos de 24 horas, en medio de un sistema eléctrico envejecido y cada vez más frágil. El colapso vuelve a dejar en evidencia una crisis que ya suma siete interrupciones totales en 2026.
Cuba volvió a quedar a oscuras por partida doble en menos de 24 horas, después de que el sistema eléctrico nacional colapsara otra vez y obligara a las autoridades a desplegar maniobras de emergencia para intentar restablecer el servicio en toda la isla. El nuevo apagón no solo agrava la vida cotidiana de millones de cubanos, sino que confirma la profundidad de una crisis energética que ya no puede explicarse como un episodio aislado: en 2026, el sistema ha caído siete veces, una frecuencia que revela un deterioro estructural más que un incidente técnico puntual.
Según informó El País, las autoridades trabajaban este sábado para recuperar totalmente la electricidad tras el segundo apagón nacional en un lapso inferior a 24 horas. El problema tiene raíces conocidas: una infraestructura obsoleta, plantas termoeléctricas castigadas por años de uso intensivo y falta de inversiones, y una red incapaz de sostener la demanda básica del país. A eso se suma el impacto de las restricciones estadounidenses, que el Gobierno cubano señala como un factor que dificulta la adquisición de combustibles, repuestos y financiamiento para modernizar el sector. En la práctica, la ecuación es devastadora: menos capacidad de generación, más averías y una población sometida a cortes prolongados e imprevisibles.
Lo que ocurre en Cuba importa más allá de la isla porque el apagón ya no es un episodio extraordinario, sino una constante que desordena todo lo demás: desde la conservación de alimentos hasta el funcionamiento de hospitales, escuelas, transporte y comunicaciones. Para la gente de a pie, cada colapso del sistema eléctrico significa más horas de calor, más gastos para sostenerse, más presión sobre negocios que apenas sobreviven y más incertidumbre en un país donde la electricidad es condición mínima para la vida diaria. En términos políticos, además, la crisis energética sigue erosionando la capacidad del Estado para garantizar servicios básicos y alimenta un malestar social acumulado que se expresa en migración, descontento y una sensación persistente de desgaste nacional.
La repetición de estos apagones también deja una lección incómoda: Cuba no está ante una falla puntual que se resuelve con una reparación de emergencia, sino ante un modelo energético que hace tiempo llegó a su límite. Mientras no haya una solución de fondo para renovar la matriz eléctrica, asegurar combustible y frenar la degradación de las plantas, la isla seguirá atrapada en un ciclo de colapsos, restauraciones parciales y nuevas caídas. Y cada nuevo apagón nacional profundiza una verdad que ya es imposible maquillar: el país vive con una red eléctrica al borde del colapso permanente.



