España vence a Inglaterra en Wembley y alarga su invicto a 39 partidos

Imagen: El País
España prolongó su racha invicta a 39 partidos al derrotar a Inglaterra en Wembley, una victoria que refuerza el proyecto de Luis de la Fuente y sugiere continuidad más que casualidad. El partido también dejó la baja de Eric García y el ingreso de Robin Le Normand.
España dio otro paso en la consolidación de una selección que ya no depende de la nostalgia de su mejor época, sino de una versión más pragmática y competitiva. El equipo de Luis de la Fuente venció a Inglaterra en Wembley y elevó a 39 su racha de partidos sin perder, una marca que no solo alimenta la estadística, sino que confirma que la Roja ha encontrado una manera de competir con autoridad en escenarios de máxima exigencia. En una noche de jerarquía, el triunfo tuvo además una lectura simbólica: mientras la España de Vicente del Bosque arrancó su ciclo posterior al título mundial con tropiezos en México y ante Argentina, la de De la Fuente se presenta sólida desde el inicio, capaz de ganar fuera de casa y ante una potencia europea.
El encuentro dejó también movimientos importantes en la defensa. Eric García acabó tocado y fue reemplazado por Robin Le Normand, una sustitución que, más allá de la incidencia puntual, refleja la profundidad de una plantilla que responde incluso cuando se alteran piezas sensibles. El resultado frente a Inglaterra, según informó El País, confirma que el equipo no vive de destellos aislados, sino de una estructura reconocible: orden, intensidad, presión alta y una lectura madura de los partidos. La racha de 39 juegos sin perder coloca a De la Fuente en un territorio de prestigio histórico y lo sitúa en la conversación de los seleccionadores que han sabido dar continuidad a una identidad sin quedar atrapados por ella.
La comparación con el ciclo de Del Bosque no es menor. Aquel equipo llegó a la cima con el Mundial de Sudáfrica y después tuvo que cargar con el peso de demostrar que su dominio no era una excepción. La selección actual, en cambio, parece haber aprendido de esa experiencia: no promete hegemonía absoluta, pero sí una competitividad sostenida que vuelve más difícil cualquier rival. Eso importa porque en el fútbol de selecciones la consistencia es un activo escaso; y porque, de cara a los próximos torneos, España empieza a parecer menos una selección en reconstrucción y más un proyecto con método. Ganar en Wembley no resuelve todo, pero sí manda un mensaje claro: esta Roja ya no viaja para sobrevivir, viaja para imponerse.
El dato de la racha, por sí solo, podría parecer una curiosidad estadística. Pero en realidad mide algo más profundo: la capacidad de una generación y de su entrenador para convertir una idea en resultados. Y en el fútbol, donde la memoria suele ser corta, sostener esa continuidad vale casi tanto como un título.

