Política

Sandra Borda: De la Espriella tendría margen para reformas profundas y un giro pragmático con EE. UU.

Hace 17 horas

Sandra Borda sostiene que De la Espriella tendría margen para impulsar reformas de largo aliento si logra ordenar su gobernabilidad desde el arranque. El mayor reto será convertir ese capital inicial en puentes con el Congreso y en una relación pragmática con Estados Unidos.

La politóloga e internacionalista Sandra Borda ve en el eventual gobierno de De la Espriella una ventana poco común para mover piezas de fondo en Colombia, siempre y cuando el arranque no se desperdicie en peleas políticas innecesarias. Su lectura es clara: si el nuevo presidente logra consolidar autoridad, construir apoyos mínimos y darle dirección a su agenda, podría empujar transformaciones que no se agoten en el corto plazo, sino que dejen una huella más duradera en la gobernabilidad del país.

En su análisis, el punto decisivo no es solo qué tanto quiere cambiar el mandatario, sino qué tan rápido puede convertir su mandato en una arquitectura de poder funcional. Borda advierte que la gobernabilidad no se sostiene solo con discurso, sino con capacidad para tejer acuerdos, administrar tensiones con otras fuerzas y evitar que el gobierno se desgaste prematuramente. Eso es especialmente relevante en Colombia, donde la fragmentación política suele convertir cualquier reforma en una negociación cuesta arriba. En ese escenario, el margen de acción existe, pero no es automático: depende de si el presidente logra leer el Congreso, sumar sectores y traducir sus promesas en resultados concretos.

La otra pieza clave es la relación con Estados Unidos. Borda apunta que, más allá del ruido ideológico, Washington seguirá siendo un actor central para cualquier gobierno colombiano por razones que van desde la cooperación en seguridad y lucha antidrogas hasta comercio, migración y estabilidad regional. Por eso, el acercamiento con la Casa Blanca no debería entenderse como un gesto diplomático menor, sino como una condición práctica para mover agenda y evitar choques innecesarios. En un momento en que EE. UU. mira con atención América Latina por la crisis migratoria, el reacomodo geopolítico y la presión sobre las economías de la región, Colombia necesita una interlocución sólida, predecible y útil para sus intereses, no una relación marcada por improvisaciones.

Lo que deja esta lectura es una idea incómoda pero realista: el verdadero test de De la Espriella no será solo llegar al poder, sino demostrar que puede gobernar con método. Si consigue ordenar su coalición, bajar el nivel de confrontación y abrir una relación pragmática con Estados Unidos, tendría una oportunidad para impulsar cambios de fondo. Si no lo hace, incluso un mandato con ambición reformista puede terminar atrapado en la inercia que históricamente ha frenado a tantos gobiernos en Colombia.

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