Estados Unidos

Un santuario romano femenino emerge desde una cueva de Valencia a 200 metros de profundidad

Hace 5 horas
Un santuario romano femenino emerge desde una cueva de Valencia a 200 metros de profundidad

Imagen: El País

Un hallazgo arqueológico en Valencia está reescribiendo parte del mapa religioso romano: una cueva a 200 metros de profundidad guarda un santuario con 120 inscripciones dedicadas a la diosa Malaci. Es el mayor conjunto de firmas detectado en un espacio de culto de esa época.

A 200 metros bajo tierra, en una cueva de Valencia, arqueólogos han encontrado un santuario romano que podría cambiar lo que se sabe sobre la religiosidad femenina en la Hispania antigua. La Cova Dones alberga una sala con unas 120 inscripciones dedicadas a Malaci, una divinidad hasta ahora prácticamente desconocida, y ese volumen convierte el hallazgo en uno de los conjuntos epigráficos más singulares documentados en un espacio de culto romano de este tipo.

El dato relevante no es solo la profundidad ni la dificultad del acceso, sino el patrón que revelan las marcas grabadas en la piedra. Según informó El País, las inscripciones aparecen en una sala de la cavidad y constituyen el mayor número de firmas hallado hasta ahora en un santuario de época romana. Para los investigadores, no se trata de simples trazos aislados, sino de una evidencia repetida de uso ritual, que apunta a un lugar de peregrinación o de devoción organizada en torno a una deidad que no había dejado huella conocida en el registro histórico con esta fuerza.

La importancia del hallazgo va más allá de la curiosidad arqueológica. En la práctica, abre una ventana a las formas de culto en los márgenes del Imperio romano, donde la religión oficial convivía con expresiones locales, sincréticas o directamente invisibles para la historia escrita. Que el santuario esté vinculado a una figura femenina añade otra capa de interés: permite preguntarse quiénes acudían allí, qué pedían, qué redes comunitarias sostenían ese espacio y por qué una cueva tan profunda fue elegida como escenario sagrado. En un momento en que la arqueología está obligada a revisar lo que creía saber sobre la vida cotidiana en la Antigüedad, este descubrimiento pone sobre la mesa que la espiritualidad de las mujeres —y quizá su capacidad de organizar espacios propios de culto— fue más visible y más compleja de lo que suelen sugerir los relatos clásicos.

También hay una lección metodológica: los grandes hallazgos no siempre aparecen en templos monumentales ni en centros urbanos de fácil acceso. A veces están escondidos en lugares extremos, preservados por la oscuridad y el aislamiento. Si las próximas investigaciones confirman la interpretación del conjunto, la Cova Dones podría convertirse en una referencia para estudiar cómo funcionaban los santuarios periféricos del mundo romano y qué papel tuvieron en la vida de comunidades que dejaron poca historia escrita, pero sí muchas huellas en la piedra. Para la arqueología española, el valor del hallazgo es doble: amplía el mapa de los cultos antiguos en la península y recuerda que todavía quedan capas enteras del pasado por descubrir bajo nuestros pies.

Noticias relacionadas