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Bolivia y Paraguay cierran una frontera pendiente desde la guerra del Chaco

Hace 4 horas

Bolivia y Paraguay entran en la recta final para cerrar una frontera que lleva 88 años pendiente. En La Paz se discute hasta el miércoles el último tramo, de 40 kilómetros, de un límite común de 742 kilómetros marcado por la guerra del Chaco.

Bolivia y Paraguay están a un paso de cerrar una herida geográfica y política que lleva abierta 88 años. Desde este lunes y hasta el miércoles, ambos países discuten en La Paz la aprobación de un último tramo limítrofe de 40 kilómetros, el eslabón final para definir por completo su frontera común de 742 kilómetros, una deuda histórica que se arrastra desde la guerra del Chaco.

La disputa tiene raíces en uno de los conflictos más decisivos de Sudamérica en el siglo XX. La guerra del Chaco, librada entre 1932 y 1935, enfrentó a Bolivia y Paraguay por el control de una vasta región estratégica, y dejó como resultado no solo miles de muertos, sino también un mapa fronterizo fragmentado, con definiciones parciales y puntos pendientes que durante décadas alimentaron la tensión diplomática. Según informó clarín colombia, el tramo que se está negociando ahora representa el último obstáculo para cerrar formalmente la delimitación.

Que esto ocurra casi nueve décadas después dice mucho sobre cómo en América Latina los conflictos no siempre terminan cuando callan las armas. A veces permanecen, silenciosos, en líneas sobre un mapa, en acuerdos aplazados y en negociaciones técnicas que pueden parecer menores, pero que tienen un peso enorme para la soberanía, la seguridad y la cooperación regional. Resolver un límite pendiente no solo ordena la relación bilateral: también reduce el margen para futuros roces, facilita la gestión de recursos, el control territorial y la planificación de infraestructura en zonas fronterizas que suelen ser olvidadas por los Estados centrales.

En el caso de Bolivia y Paraguay, cerrar definitivamente la frontera común también tiene una carga simbólica. Ambos países cargan todavía con las secuelas políticas y territoriales del Chaco, un conflicto que redefinió sus trayectorias nacionales y dejó cicatrices en la memoria colectiva. Por eso, la discusión de estos 40 kilómetros no es un trámite menor ni una nota de protocolo: es el intento de poner punto final a una disputa nacida en la guerra y prolongada por la inercia diplomática. Si las conversaciones avanzan como se espera, los dos gobiernos no solo terminarán de trazar una frontera; también cerrarán uno de los capítulos más largos y postergados de la historia territorial sudamericana.

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