Tres detenidos en Cuenca por matar a un lince y depredadores para beneficiar un coto

Imagen: infobae
La Guardia Civil investiga una red que habría eliminado a tiros y con veneno a fauna protegida en Cuenca para favorecer un coto de caza. Entre los hallazgos hay restos de un lince ibérico, gatos monteses, meloncillos y trampas prohibidas.
Tres personas han sido detenidas en Cuenca por su presunta participación en la muerte a tiros de un lince ibérico y de otros animales protegidos, en una operación que vuelve a poner sobre la mesa el negocio opaco de ciertos cotos de caza y el impacto real de la presión humana sobre la fauna salvaje. La investigación, según informó infobae a partir de la actuación del Seprona, se activó tras el hallazgo del cadáver del felino y terminó destapando un escenario mucho más amplio: no solo había un animal emblemático muerto, sino indicios de un método sistemático para eliminar depredadores y mejorar artificialmente el rendimiento cinegético de una finca.
A partir de ese primer hallazgo, los agentes localizaron también cadáveres de gatos monteses y meloncillos, especies especialmente vulnerables a la persecución ilegal cuando se las señala como competidoras de piezas de caza menor. Junto a los restos aparecieron medios cinegéticos prohibidos y no selectivos, entre ellos cepos, jaulas y sustancias venenosas, un arsenal que no deja margen para la duda sobre la intencionalidad de los hechos. En la práctica, este tipo de dispositivos no distingue entre especies objetivo y fauna protegida, y convierten el monte en un escenario de mortandad indiscriminada, con consecuencias que van mucho más allá del caso concreto investigado.
Lo relevante de esta operación no es solo el delito ambiental en sí, sino el patrón que revela: la eliminación de depredadores para alterar el equilibrio natural y aumentar el rendimiento económico de un coto. Cuando se reduce la presencia de especies que regulan poblaciones y mantienen la salud del ecosistema, el daño no queda encerrado en un expediente judicial. Afecta a la biodiversidad, al control natural de plagas y a la credibilidad de un modelo de explotación cinegética que, en los márgenes, todavía convive con prácticas clandestinas de extrema gravedad. El caso de Cuenca recuerda además que el lince ibérico, aunque ha mejorado su situación en los últimos años, sigue expuesto a amenazas que no siempre llegan en forma de grandes infraestructuras o incendios, sino también de actos deliberados y silenciosos en territorios rurales.
El avance de la operación “Lincu” también sirve como termómetro de un problema estructural en España: la persistencia de métodos ilegales para controlar fauna silvestre bajo la lógica de rentabilizar el campo a cualquier precio. Para la administración, estos casos obligan a reforzar la vigilancia y la trazabilidad sobre cotos y prácticas cinegéticas; para la ciudadanía, dejan una pregunta incómoda sobre cuánto daño ecológico sigue oculto en fincas donde la ley y la conservación quedan subordinadas a intereses privados. En un país donde el lince ibérico es un símbolo de recuperación ambiental, su muerte a manos de quienes supuestamente gestionaban el territorio habla menos de un hecho aislado que de una fractura todavía abierta entre conservación real y explotación sin límites.



