Díaz-Canel usa su nuevo programa radial para defender reformas sin soltar el socialismo

Imagen: clarin colombia
Miguel Díaz-Canel estrenó su programa radial "Criterio Compartido" con una defensa abierta de las reformas económicas aprobadas en Cuba, pero sin ceder en la línea política del régimen. El presidente insistió en que el socialismo debe transformarse para sostener la economía y la justicia social.
Miguel Díaz-Canel aprovechó el estreno de su nuevo espacio radial, Criterio Compartido, para enviar un mensaje doble: abrir la economía cubana sin mover un milímetro los pilares ideológicos del sistema. En su primera emisión, el mandatario defendió las recientes medidas aprobadas por el Parlamento y sostuvo que el socialismo debe adaptarse si quiere seguir siendo viable en un país golpeado por la escasez, la inflación y el desgaste de su modelo productivo.
Según informó Clarín Colombia, Díaz-Canel presentó la apertura económica como una necesidad, no como una renuncia política. En esa línea, insistió en que las transformaciones son indispensables para sostener la economía y, al mismo tiempo, preservar la justicia social que el régimen dice defender desde hace más de seis décadas. El mensaje no es menor: llega en un momento en que Cuba intenta aliviar tensiones internas con reformas parciales, mientras la población sigue enfrentando apagones, bajos salarios, desabastecimiento y una migración sostenida que vacía comunidades enteras.
El gesto de lanzar un programa de radio también tiene lectura política. En un país donde el Estado controla los principales canales de comunicación, usar ese espacio para explicar y justificar las reformas revela una estrategia de pedagogía oficial: convencer a la ciudadanía de que el cambio económico puede convivir con la permanencia del sistema. Pero esa ecuación es cada vez más difícil de sostener en la práctica. La apertura de sectores productivos, el reconocimiento limitado de actores privados y otras medidas anunciadas por el Parlamento buscan oxígeno para una economía asfixiada, aunque sin tocar el monopolio político del Partido Comunista. Ahí está el verdadero dilema cubano: modernizar la economía sin desarmar el andamiaje de control que ha definido al régimen.
Para la gente de a pie, el debate no es ideológico sino urgente. Lo que importa es si estas medidas se traducen en alimentos más accesibles, más empleo, menos trabas para producir y alguna estabilidad en el día a día. Por ahora, el gobierno promete transformación, pero dentro de límites estrictos. Y esa fórmula, repetida durante años, empieza a medirse menos por sus discursos que por su capacidad real de mejorar la vida en la isla.


