Trump reabre la guerra comercial y apunta a Canadá y Brasil con nuevos aranceles

Imagen: infobae mundo
La Casa Blanca se prepara para reemplazar el arancel global del 10% con un nuevo esquema basado en la Sección 301, mientras Donald Trump endurece la presión sobre Canadá y Brasil. La movida reabre la guerra comercial y amenaza con encarecer bienes y tensar aún más las relaciones hemisféricas.
Donald Trump está a punto de reactivar una ofensiva comercial que puede golpear a unas 60 economías y que deja en la primera línea del fuego a Canadá y Brasil. El vencimiento este viernes del arancel global del 10% obliga a la Casa Blanca a buscar un mecanismo alternativo para sostener la presión sobre sus socios, esta vez apoyándose en la Sección 301, una herramienta legal nacida en otra era del comercio estadounidense y diseñada para responder a prácticas consideradas desleales.
Según informó infobae mundo, el movimiento no es solo una maniobra técnica para reemplazar un gravamen que caduca; es una señal política. Trump vuelve a usar los aranceles como arma central de negociación, ahora con un esquema más selectivo pero potencialmente igual de agresivo. Canadá aparece entre los principales apuntados por el peso de su relación comercial con Estados Unidos y por la fragilidad de una frontera donde cruzan diariamente bienes, energía y manufacturas. Brasil, por su parte, entra en el radar por el aumento de tensiones en sectores sensibles y por el interés de Washington en marcar condiciones más duras frente a uno de los mayores mercados de América Latina.
El trasfondo importa porque la Sección 301 remite a una lógica de castigo comercial que ya fue usada en otras etapas de confrontación internacional, pero que bajo Trump adquiere una dimensión más amplia: no solo busca corregir supuestas prácticas desiguales, sino también redefinir el mapa de poder económico alrededor de Estados Unidos. En la práctica, eso puede traducirse en mayores costos para importadores, presión sobre cadenas de suministro y un efecto dominó sobre precios de consumo en territorio estadounidense. Para los hogares, la disputa no se queda en las altas esferas de la diplomacia comercial: termina influyendo en lo que cuesta un auto, una pieza industrial, alimentos o productos de uso cotidiano.
La apuesta también deja una pregunta de fondo: hasta qué punto esta nueva ronda arancelaria puede sostenerse sin desordenar aún más la economía norteamericana y sin abrir frentes simultáneos con aliados clave. Canadá no es un socio cualquiera, sino una pieza estructural del comercio continental; Brasil, en cambio, representa una puerta estratégica hacia América del Sur. Si la administración Trump decide escalar en ambos frentes, el mensaje será claro: la Casa Blanca prefiere el choque a la negociación tradicional. Y eso, en un contexto de inflación sensible y mercados atentos a cada señal, puede tener consecuencias mucho más amplias que las que se ven en el anuncio inicial.



