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Trump cambia la tasa en Ormuz por acuerdos con el golfo y apuesta a grandes inversiones

Hace 2 horas

Donald Trump frenó el plan de imponer una tasa de 20% en el estrecho de Ormuz y lo reemplazará por acuerdos comerciales con los países del golfo. A cambio, prometió inversiones “enormes” en Estados Unidos, en una jugada que mezcla presión geopolítica y negocios.

Donald Trump decidió dar marcha atrás a la tasa del 20% que Estados Unidos pensaba aplicar en el estrecho de Ormuz y la sustituyó por una apuesta más amplia: acuerdos comerciales con los países del golfo. El mensaje no es menor. En vez de abrir otro frente de tensión en una de las rutas energéticas más sensibles del planeta, la Casa Blanca ahora intenta traducir presión en inversión, y convertir una amenaza arancelaria en una negociación de mayores dividendos políticos y económicos.

Según informó infobae mundo, el presidente norteamericano sostuvo que, a cambio de este giro, los países del golfo realizarán inversiones “enormes” en territorio estadounidense, inversiones que describió como “extraordinariamente beneficiosas” para todas las partes. La formulación no es casual: Trump vuelve a usar el lenguaje de la transacción como herramienta de política exterior. En su lógica, el comercio no solo sirve para equilibrar cuentas, sino para obligar a los socios a comprometer capital, ampliar negocios y sostener la narrativa de que Estados Unidos gana incluso cuando cede en un frente de presión arancelaria.

El cambio importa porque el estrecho de Ormuz no es cualquier corredor marítimo. Por allí circula una parte crucial del petróleo que alimenta la economía global, y cualquier amenaza de encarecimiento o interrupción tiene efectos inmediatos sobre precios internacionales, inflación y estabilidad energética. Reemplazar una tasa por acuerdos puede reducir el riesgo de un choque comercial directo, pero también abre interrogantes sobre el costo real de estos pactos y sobre quién terminará pagando, en última instancia, la factura de esa diplomacia de negocios. Para los consumidores estadounidenses, la pregunta es si estas maniobras traerán empleo e inversión concreta o si quedarán en anuncios de alto impacto y beneficios concentrados en pocos sectores.

El movimiento también encaja con una constante del trumpismo: usar el poder de Washington como palanca de negociación, especialmente en regiones donde Estados Unidos necesita alianzas, energía y control estratégico al mismo tiempo. Si los países del golfo terminan entrando con capital fresco en la economía norteamericana, Trump podrá presentar el episodio como una victoria de doble vía: menos fricción comercial y más dinero extranjero fluyendo hacia EE.UU. Pero si esas inversiones se diluyen en promesas o terminan atadas a condiciones favorables para los socios árabes, el episodio podría revelar una vez más que, en esta administración, la política exterior se administra como una sala de ventas: mucho ruido, cifras gigantes y una cuenta final que casi nunca se conoce completa.

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