Colombia

Dos menores escaparon de disidencias de las Farc y llegaron al Ejército en Nariño

Hace 1 día

Dos menores de edad llegaron al Ejército en Nariño después de huir de las disidencias de las Farc, en un nuevo reflejo del reclutamiento de menores en el suroccidente del país. En el mismo episodio, otros dos hombres también se entregaron a organismos de seguridad.

Dos menores de edad llegaron hasta tropas del Ejército en Nariño luego de escapar de las disidencias de las Farc, en un episodio que vuelve a poner sobre la mesa el control armado que estas estructuras ejercen en zonas rurales del suroccidente colombiano. En el mismo hecho, según informó El Tiempo (Colombia), otros dos hombres también se sometieron a los organismos de seguridad, lo que sugiere un repliegue o una ruptura dentro de los grupos ilegales que operan en la región.

La entrega de los dos adolescentes no es un dato menor. En departamentos como Nariño, donde confluyen corredores estratégicos para el narcotráfico, economías ilegales y disputa territorial entre estructuras armadas, el reclutamiento forzado de menores sigue siendo una de las caras más crudas del conflicto. Que dos jóvenes logren escapar y ponerse bajo protección estatal habla, por un lado, de la persistencia del fenómeno y, por otro, de la fragilidad de la respuesta institucional para evitar que niños y adolescentes terminen absorbidos por estas redes violentas.

El caso también ilumina un problema mayor: las disidencias de las Farc mantienen capacidad de presión sobre comunidades apartadas, incluso después de años de acuerdos de paz y operativos militares. Cuando menores de edad son retenidos o incorporados a estas estructuras, el costo social se extiende mucho más allá del episodio puntual: hay familias fracturadas, territorios intimidados y una generación expuesta a la guerra como rutina. Para el Estado, cada entrega es una señal de alerta sobre la necesidad de corredores humanitarios, presencia civil sostenida y rutas eficaces de protección para quienes deciden abandonar los grupos armados.

Que dos hombres también se hayan presentado voluntariamente ante la seguridad estatal agrega otra capa al hecho. No solo puede interpretarse como una desmovilización aislada, sino como una posible señal de desgaste dentro de la estructura armada o de presión militar en la zona. Pero más allá del movimiento táctico, lo importante es lo que revela sobre la vida en regiones como Nariño: mientras persista la disputa por el territorio, seguirán apareciendo menores atrapados entre el miedo, el reclutamiento y la fuga como única salida.

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