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Afganistán profundiza la exclusión escolar: 2,4 millones de niñas fuera de secundaria

Hace 11 horas

La prohibición de los talibán a la educación secundaria para niñas en Afganistán ya deja a 2,4 millones fuera de las aulas, según la UNESCO. Si no cambia el rumbo, la cifra podría acercarse a cuatro millones en 2030.

La crisis educativa en Afganistán entró en una fase aún más grave: 2,4 millones de niñas ya están excluidas de la educación secundaria bajo el régimen talibán, una cifra que creció en 200.000 solo entre 2025 y 2026, de acuerdo con la UNESCO. El dato no es solo una estadística devastadora; es la evidencia de una política sistemática que está borrando del mapa escolar a toda una generación de mujeres afganas.

Según informó Clarín Colombia a partir de los reportes de la agencia educativa de la ONU, la tendencia no muestra señales de retroceso. La advertencia de la UNESCO es clara: si la prohibición se mantiene, para 2030 cerca de cuatro millones de niñas podrían quedar privadas de estudiar secundaria. En un país donde el acceso a la educación ya era frágil por décadas de guerra, pobreza y desplazamiento, la medida talibán convierte el aula en un privilegio vedado para las niñas y consolida una de las políticas de exclusión más duras del mundo contemporáneo.

El impacto va mucho más allá de la escuela. Cuando una niña no puede avanzar en su formación, se recortan sus posibilidades de trabajar, de depender menos de otros, de participar en la vida pública y de romper el ciclo de pobreza que golpea a millones de familias. Afganistán no solo pierde estudiantes: pierde médicas, docentes, ingenieras, funcionarias y liderazgos futuros. Y en términos políticos, el mensaje es inequívoco: los talibán están construyendo un orden social en el que las mujeres quedan confinadas al margen, con consecuencias profundas para la economía, la salud y la estabilidad del país.

La cifra también obliga a mirar la dimensión internacional del problema. Durante los últimos años, la comunidad global ha condenado la prohibición, pero la presión diplomática no ha logrado revertirla. En la práctica, el costo de esa inacción lo pagan las niñas afganas, que ven cómo el tiempo escolar se les agota mientras el mundo observa. Si la tendencia continúa, Afganistán no solo enfrentará una generación truncada, sino un retroceso educativo y social que tardará décadas en repararse.

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