EEUU presiona a Irán por Ormuz y exige que otros países paguen la seguridad marítima

Imagen: infobae mundo
Estados Unidos volvió a señalar a Irán por convertir el estrecho de Ormuz en un instrumento de presión geopolítica y reclamó más apoyo internacional para blindar el tráfico marítimo. Marco Rubio advirtió que Washington seguirá actuando, pero pidió que otros países aporten recursos y dinero.
Estados Unidos elevó este viernes el tono contra Irán al acusarlo de usar el estrecho de Ormuz como una herramienta de presión sobre el comercio global y al exigir que otros gobiernos asuman parte del costo de proteger una ruta por la que pasa una porción decisiva del petróleo y las mercancías del mundo. El secretario de Estado, Marco Rubio, dejó claro que Washington no piensa retroceder en su despliegue de seguridad marítima, pero insistió en que la carga no puede recaer solo en los estadounidenses.
Rubio sostuvo que la Casa Blanca “hará y seguirá haciendo lo que sea necesario” para resguardar el transporte marítimo internacional, aunque matizó que la estrategia no puede sostenerse de manera unilateral. Según su planteamiento, otros países también deben aportar recursos materiales o financieros para reforzar la vigilancia y la protección de la navegación en una de las arterias más sensibles del planeta. El mensaje, en la práctica, fue doble: firmeza frente a Teherán y presión diplomática sobre aliados y socios comerciales que dependen de esa vía.
La advertencia no llega en el vacío. El estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, es un punto de estrangulamiento estratégico por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo que se mueve por mar en el planeta. Cada escalada entre Washington y Teherán, o cada amenaza de interrupción en esa zona, tiene consecuencias inmediatas en los mercados de energía, en los costos de transporte y, al final de la cadena, en el bolsillo de consumidores desde Europa hasta América Latina. Por eso el llamado estadounidense no solo busca contener a Irán, sino también obligar a otros actores a comprometerse con una seguridad marítima que beneficia a toda la economía global.
El trasfondo es conocido: Estados Unidos ha intentado durante años mantener la libertad de navegación en el Golfo Pérsico como una prioridad de seguridad internacional, mientras Irán ha usado su posición geográfica y su capacidad militar asimétrica como palanca de negociación. Lo que cambia ahora es el énfasis político de Washington, que ya no solo habla de disuasión, sino de reparto de costos. En un escenario de tensiones regionales persistentes y de fatiga entre aliados, el debate de fondo es quién paga por sostener el orden marítimo mundial y qué tan dispuesto está cada país a hacerlo antes de que una crisis en Ormuz vuelva a disparar los precios del petróleo y golpee la economía real.


