Ejército desmiente a falso soldado viral y expone otra grieta de la desinformación
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El Ejército colombiano desmintió que un hombre viralizado en redes pertenezca a la institución, luego de que su imagen fuera usada para alimentar desinformación y recibiera elogios del expresidente Gustavo Petro. El caso vuelve a poner en primer plano la manipulación de símbolos militares en la conversación pública.
El Ejército Nacional de Colombia salió a aclarar que el hombre que circuló en redes sociales vestido de militar no hace parte de sus filas, en medio de una controversia que creció después de que la imagen fuera destacada por el expresidente Gustavo Petro. La institución fue tajante al señalar que se trató de una publicación engañosa usada para generar desinformación, un episodio más en la batalla por el control del relato en redes sociales y en la política colombiana.
De acuerdo con lo informado por El Tiempo (Colombia), las imágenes comenzaron a circular como si el hombre representara a un integrante legítimo de la Fuerza Pública. Sin embargo, el Ejército desmintió esa versión y recordó que el uso de uniformes o símbolos castrenses fuera de contexto puede inducir al error a la opinión pública. La polémica escaló porque el exmandatario Gustavo Petro terminó exaltando la figura, lo que amplificó el alcance del contenido antes de que fuera verificado.
Este episodio importa porque muestra hasta qué punto la conversación digital en Colombia está atravesada por la velocidad, la emoción y la desinformación. En un país donde la relación entre las Fuerzas Militares, la política y la opinión pública siempre ha sido sensible, una imagen falsa puede convertirse en combustible para lecturas equivocadas, ataques reputacionales o narrativas manipuladas. El problema ya no es solo que una foto circule sin contexto: es que autoridades, líderes políticos y miles de usuarios pueden terminar validándola antes de que aparezcan los hechos.
Más allá de esta anécdota viral, el caso deja una advertencia de fondo. La desinformación no solo se difunde con noticias falsas explícitas, sino también con imágenes ambiguas, mensajes parciales y gestos de legitimación desde figuras con alto alcance. Para el ciudadano común, esto significa navegar un entorno donde cada publicación puede ser una trampa informativa. Y para las instituciones, el reto es responder rápido, con claridad y sin dejar vacíos que otros llenen con versiones convenientes.




