Estados Unidos

El diésel golpea a la cosecha en Minnesota y puede empujar más los precios de los alimentos

Hace 1 hora

El aumento del precio del diésel está golpeando de lleno a los agricultores de Minnesota justo en plena cosecha de otoño. La presión sobre combustible y fertilizantes amenaza con encarecer la producción y, más adelante, la comida en la mesa de los consumidores.

El campo de Minnesota llega a la cosecha de otoño con una cuenta más pesada: el diésel encarece el trabajo diario de las máquinas y suma presión a un sector que ya venía lidiando con costos altos de fertilizantes, transporte y mantenimiento. Según informó infobae estados unidos, esa combinación amenaza con elevar el costo de levantar los cultivos en una de las etapas más intensas del año agrícola, cuando cada hora de operación y cada galón de combustible cuenta.

La situación no es menor. En la agricultura industrial del Medio Oeste, el diésel mueve tractores, cosechadoras, camiones y equipos de secado, por lo que cualquier subida en su precio se multiplica a lo largo de toda la cadena. A eso se agregan fertilizantes más caros, insumos cuyo precio suele estar atado a mercados internacionales y a la energía, de modo que el golpe no solo llega por el combustible que se quema en el campo, sino también por lo que cuesta producir lo que siembra. En la práctica, el margen de ganancia se estrecha y muchos productores quedan obligados a decidir entre absorber el aumento o trasladarlo, al menos en parte, al precio final de sus cosechas.

Lo que ocurre en Minnesota tiene una lectura más amplia para Estados Unidos. Cuando suben los costos de producción agrícola, el ajuste no se queda en los balances de los granjeros: termina presionando los precios de los alimentos, desde granos y derivados hasta productos de consumo cotidiano. Ese efecto es especialmente sensible en un momento en que los hogares siguen midiendo cada gasto y donde la inflación alimentaria, aunque desacelerada respecto de sus picos, continúa siendo un tema político y económico de primer orden. Para los productores, además, la ecuación es más delicada porque la cosecha de otoño no admite pausas: el clima no espera y cualquier demora puede traducirse en pérdidas.

El escenario revela una tensión ya conocida en el agro estadounidense: el costo de producir alimentos depende cada vez más de variables que el agricultor no controla, desde el precio internacional del petróleo hasta la volatilidad de los fertilizantes. Minnesota, uno de los estados agrícolas más importantes del país, funciona aquí como termómetro de un problema que puede repetirse en otras regiones del cinturón productivo. Si el alza del diésel se mantiene, el impacto no solo se sentirá en los balances del campo, sino también en el bolsillo de los consumidores, que suelen pagar tarde o temprano las facturas de cada aumento en la cadena alimentaria.

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