Economía

El BCE rompe su pausa, sube tipos al 2,25% y reactiva el temor a más alzas

Hace 6 horas
El BCE rompe su pausa, sube tipos al 2,25% y reactiva el temor a más alzas

Imagen: El País

El Banco Central Europeo volvió a subir los tipos por primera vez en casi tres años y llevó el precio del dinero al 2,25%. La decisión llega con la inflación aún bajo presión por el petróleo y deja abierta la puerta a otra alza antes de fin de año.

El Banco Central Europeo rompió este jueves una pausa que ya parecía asentarse y elevó los tipos de interés en 0,25 puntos, hasta situarlos en el 2,25%. Es el primer aumento en casi tres años y llega en un momento incómodo para la economía europea: la subida del petróleo, impulsada por la guerra en Irán, ha reavivado las tensiones inflacionarias y obligado a la institución a moverse después de meses de aparente calma.

La decisión no solo encarece el dinero de forma directa, sino que también cambia el tono de lo que viene. De acuerdo con la información difundida por El País, el BCE ha empeorado sus previsiones de inflación, una señal de que la autoridad monetaria ve menos espacio para relajar la política económica en el corto plazo. Los mercados, por su parte, ya descuentan que esta no podría ser la última subida del año y no descartan un nuevo ajuste antes de diciembre si el shock energético se consolida y los precios siguen presionados.

Lo relevante de este giro es que el BCE vuelve a poner el foco en el viejo dilema europeo: controlar la inflación sin frenar más de la cuenta una economía que todavía arrastra debilidad en varios de sus grandes motores. Cada movimiento de tipos se traduce, con cierta demora, en hipotecas más caras, créditos más exigentes para las empresas y menos margen para el consumo de los hogares. Para millones de europeos, la decisión no se queda en un lenguaje técnico de banqueros centrales: termina afectando la cuota mensual de su vivienda, el coste de financiar un coche o la inversión de una pequeña compañía.

La subida del barril por el conflicto en Irán añade una capa de complejidad que el BCE no controla. Cuando la energía se encarece, suben también los costes de transporte, producción y distribución, y ese efecto acaba filtrándose en los precios finales. Por eso la institución ha salido de su letargo: no quiere que el repunte del petróleo convierta la desinflación en un espejismo. Pero el riesgo es evidente. Si insiste demasiado en endurecer la política monetaria, puede enfriar todavía más el crecimiento en la eurozona; si actúa con timidez, corre el riesgo de perder credibilidad frente a una inflación que no termina de rendirse. En ese equilibrio inestable se juega ahora el próximo tramo de la política económica europea.

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