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Eisenkot supera a Netanyahu pero Israel vuelve a quedar sin mayoría

Hace 2 horas

Las proyecciones a pie de urna en Israel muestran al bloque de Gadi Eisenkot por delante de Benjamin Netanyahu, pero sin una mayoría clara para gobernar. Las listas árabes, con 17 o 18 escaños, quedan otra vez como árbitro de una legislatura frágil o de unas nuevas elecciones.

Israel volvió a dejar en evidencia la parálisis que domina su sistema político: aunque el Likud de Benjamin Netanyahu aparece como el partido más votado en los sondeos a pie de urna, el bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot suma más apoyos y podría arrebatarle el control del gobierno. El problema es el de siempre en la política israelí: ninguno de los dos campos alcanza por sí solo la mayoría necesaria para formar gabinete, lo que abre la puerta a una negociación incierta o a una nueva repetición electoral.

Según reportó infobae mundo, las proyecciones sitúan al bloque de Eisenkot por encima del primer ministro, pero los aliados de Netanyahu no lograrían reunir suficientes bancas para blindar su continuidad. La clave, otra vez, está en el reparto de escaños entre los partidos medianos y pequeños, un rompecabezas que suele terminar definiendo quién ocupa la jefatura de gobierno en Israel. En ese tablero, las listas árabes aparecen como factor decisivo: con entre 17 y 18 diputados, podrían inclinar la balanza hacia una coalición de cambio o bloquear cualquier intento de mayoría estable.

El dato importa porque Israel lleva años atrapado en una lógica de gobiernos cortos, coaliciones precarias y elecciones que se repiten con frecuencia, mientras los grandes bloques no consiguen consolidar una base duradera. Netanyahu, el político más longevo y polarizante del país, ha sobrevivido electoralmente gracias a alianzas con socios ideológicamente dispares, pero esa fórmula vuelve a mostrar límites. Del otro lado, una oposición fragmentada intenta capitalizar el desgaste del primer ministro, aunque sin la cohesión suficiente para ofrecer una alternativa sólida y duradera.

Más allá del resultado inmediato, el desenlace de estas proyecciones refleja una pregunta de fondo que Israel no ha resuelto: cómo gobernar un país cada vez más dividido entre derechas, centro, izquierda y representación árabe sin caer en el bloqueo permanente. Si las conversaciones para armar coalición fracasan, el país podría encaminarse de nuevo a las urnas, prolongando una inestabilidad que ya no solo afecta a la elite política, sino también a la vida cotidiana de una sociedad que acumula incertidumbre, desgaste institucional y una agenda de seguridad y economía cada vez más difícil de sostener.

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