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Omán se mete en la tensión entre Irán y EE.UU. para blindar Ormuz

Hace 6 horas

El canciller de Omán arribó a Teherán en una visita que busca mover piezas en el tablero del Golfo mientras Washington aprieta la presión económica sobre Irán. La agenda gira en torno a la seguridad regional y, sobre todo, a la estabilidad de una ruta marítima clave como Ormuz.

La llegada del canciller de Omán, Badr al Busaidi, a Irán abre una nueva ronda de contactos en uno de los puntos más sensibles del mapa energético mundial: el estrecho de Ormuz. La visita, anunciada por el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, ocurre en un momento en el que Estados Unidos mantiene su ofensiva económica contra Teherán y en el que cualquier señal de tensión en esa franja marítima puede sacudir los mercados, encarecer el crudo y elevar el riesgo político en todo el Golfo Pérsico.

Según informó el portavoz de la cancillería iraní, Esmail Baqai, al Busaidi llega para sostener consultas políticas orientadas a reforzar la paz y la seguridad regional. Esa formulación diplomática, aunque medida, deja ver el verdadero trasfondo de la visita: Omán intenta seguir jugando el papel de intermediario confiable entre Irán y sus vecinos, una función que ha repetido durante años en momentos de crisis. La posición de Mascate no es menor. En una zona donde predomina la desconfianza, Omán conserva canales abiertos con Teherán y, al mismo tiempo, mantiene relaciones estables con Washington y otras capitales del Golfo.

El punto de fondo sigue siendo Ormuz. Por ese paso marítimo transita una porción decisiva del petróleo y el gas que alimentan la economía global. Cada vez que sube la tensión alrededor de esa ruta, el impacto no se queda en la diplomacia: llega a los bolsillos de consumidores, a las refinerías, a las aseguradoras marítimas y a gobiernos que dependen del precio de la energía. En ese contexto, la visita de al Busaidi no debe leerse como un gesto protocolario, sino como una maniobra para evitar que la presión de Estados Unidos sobre Irán termine empujando a la región a una nueva escalada. Para Teherán, además, contar con un canal como el omaní es una forma de ganar margen sin exponerse de inmediato a una negociación directa con sus adversarios.

Lo que ocurra en esta conversación puede tener consecuencias que van más allá del Golfo. Si Omán logra destrabar un mínimo de entendimiento sobre seguridad marítima, el efecto sería una descompresión temporal en una región acostumbrada a vivir al borde del choque. Si fracasa, en cambio, el tablero seguirá moviéndose hacia una lógica de mayor presión, más incertidumbre y mayor costo para la economía internacional. En esta clase de crisis, el valor real no siempre está en los anuncios públicos, sino en la posibilidad de que aún queden interlocutores capaces de hablar con todos los bandos antes de que la tensión se convierta en bloqueo.

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