Chavismo activa una marcha por Delcy Rodríguez en plena pulseada con Washington
El chavismo movilizará este miércoles a sus bases en respaldo a la participación de Delcy Rodríguez en la ONU, en medio de una nueva escalada de tensiones con Washington. La protesta llega mientras la dirigente busca proyectar legitimidad internacional y la oposición insiste en que no representa al país.
El chavismo sacará este miércoles a sus seguidores a las calles de Venezuela para respaldar la participación de Delcy Rodríguez en la Asamblea General de la ONU, en una demostración política que busca convertir su presencia en Nueva York en una señal de fuerza interna y de desafío externo. La convocatoria, anunciada por el Partido Socialista Unido de Venezuela, ocurre en un momento de máxima tensión con Estados Unidos y mientras la cúpula oficialista intenta blindar su narrativa de soberanía frente a las denuncias de la oposición y la presión internacional.
Según informó el PSUV, la jornada será una movilización simultánea en todo el país para celebrar lo que el oficialismo presenta como una intervención “histórica” de Rodríguez en el foro multilateral. El mensaje del chavismo es claro: presentar a la dirigente como vocera de Venezuela ante la comunidad internacional, al tiempo que sus bases ocupan el espacio público para denunciar las sanciones y lo que el Gobierno describe como agresiones económicas y políticas contra el país. La marcha también coincide con el anuncio de un encuentro previsto entre Rodríguez y el presidente estadounidense Donald Trump, en un contexto marcado por las declaraciones del propio mandatario norteamericano ante la ONU, donde defendió las acciones de su país en Venezuela como parte de una estrategia para impedir que amenazas contra EE.UU. se consoliden en el hemisferio occidental.
El trasfondo de esta movilización es mucho más amplio que una simple jornada de respaldo. El chavismo necesita mostrar cohesión en medio de una crisis de legitimidad que no se ha disipado desde las cuestionadas elecciones presidenciales de julio de 2024, rechazadas por la oposición, y en un país donde la disputa por el poder ya no se libra solo en las instituciones, sino también en el terreno simbólico de la representación internacional. Delcy Rodríguez, que asumió como presidenta encargada tras la captura de Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense en Caracas a comienzos de este año, se ha convertido en el rostro con el que el oficialismo intenta sostener continuidad política mientras Maduro permanece preso en una cárcel de Nueva York, acusado de narcotráfico, según la versión difundida por la fuente. En ese tablero, cada gesto en la ONU pesa más de lo que parece: no solo define quién habla por Venezuela, también mide hasta dónde llega la capacidad del chavismo para traducir control interno en reconocimiento externo.
En Caracas, sin embargo, la calle no fue monopolio del oficialismo. Decenas de personas y sindicalistas protestaron frente a la sede de Naciones Unidas en la capital venezolana contra la participación de Rodríguez, mientras sectores opositores insistieron en que su presencia en foros internacionales no borra la controversia sobre su rol dentro del poder chavista. El exgobernador Andrés Velásquez fue tajante al afirmar que Rodríguez no representa a Venezuela y que ninguna reunión en Nueva York podrá limpiar su responsabilidad en lo que calificó como un golpe de Estado tras las presidenciales de 2024. Esa fractura resume el momento político venezolano: un gobierno que necesita marchas para demostrar músculo, una oposición que intenta mantener viva la denuncia y una ciudadanía atrapada entre la propaganda, la crisis y la disputa por quién tiene derecho a hablar en nombre del país.



