Colombia

Cartagena en disputa: la crítica de Giorgio Di Feo a una ciudad bonita pero insegura

Hace 1 hora

Giorgio Di Feo, empresario y activista radicado en Colombia, puso el dedo en la llaga de Cartagena: sin seguridad, la ciudad pierde valor aunque invierta en obras. Su crítica vuelve a abrir el debate sobre las prioridades del gobierno local.

La discusión sobre Cartagena volvió a centrarse en un problema que ningún proyecto de infraestructura logra tapar: la inseguridad. El empresario y activista italiano Giorgio Di Feo cuestionó que, mientras la ciudad exhibe avances urbanísticos y obras públicas, la percepción de riesgo entre residentes y visitantes sigue minando la vida cotidiana y la actividad económica. Su mensaje fue directo: una calle puede verse renovada, pero si la gente no se siente segura, el esfuerzo pierde sentido.

Según informó infobae Colombia, Di Feo señaló que el problema de fondo no está en la falta de inversión visible, sino en las prioridades con las que se administra la ciudad. Su crítica apunta a una tensión conocida en muchas capitales y destinos turísticos de la región: gobiernos que privilegian la imagen urbana, el embellecimiento de espacios y las obras de impacto inmediato, mientras la seguridad ciudadana queda rezagada o responde a soluciones parciales. En Cartagena, esa discusión no es menor. Para una ciudad que vive del turismo, del comercio y de la confianza de quienes la recorren a diario, la inseguridad no es un tema accesorio sino una variable que afecta empleo, movilidad y percepción internacional.

Lo que planteó Di Feo toca una fibra sensible porque Cartagena encarna una paradoja frecuente en Colombia y América Latina: escenarios renovados que conviven con dinámicas de violencia, hurto y desconfianza en el espacio público. Cuando un empresario o un activista pone el foco en ese contraste, no solo formula una crítica política; también expone una realidad que termina golpeando al ciudadano común. El vecino que evita ciertas zonas, el comerciante que cierra temprano, el turista que cambia de planes y el trabajador informal que depende del flujo peatonal comparten una misma consecuencia: una ciudad bonita, pero vivida con miedo, vale menos que una menos vistosa pero funcional.

En ese sentido, la denuncia de Di Feo obliga a mirar más allá de la obra terminada y preguntar qué entiende realmente el gobierno local por desarrollo. La seguridad no puede seguir tratándose como un complemento de la gestión urbana, porque es la condición básica para que cualquier mejora tenga efecto real. Cartagena no solo necesita calles arregladas; necesita que quienes las usan puedan hacerlo sin ansiedad, sin cálculo constante y sin la sensación de estar expuestos. Ese es, en el fondo, el mensaje político más incómodo de esta crítica: sin orden y protección, la ciudad puede avanzar en el mapa, pero retrocede en la vida diaria de su gente.

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